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Todo está podrido en las alturas, los poderes del Estado son administrados por políticos sometidos a los intereses de la CONFIEP y las potencias económicas que saquean nuestros recursos impidiendo nuestro desarrollo como país. A casi 200 año de vida republicana seguimos siendo semicolonia y víctimas de la globalización capitalista. Este gobierno, agobiado por la crisis política y la ira popular contra la corrupción, avanzó medidas contra la mafia fujiaprista enquistada en el Congreso y trajo el referéndum que el pueblo usó para deshacerse de esa mayoría congresal que buscaba perpetuar el dolo y la impunidad. Pero Vizcarra terminó en la misma lógica neoliberal y siendo otro operador más de los grupos de poder económico.

El tratamiento de la pandemia muestra cómo nunca, que son los ricos y poderosos los que imponen las leyes. 60 mil millones han ido a los bancos y grandes empresas mientras se niegan a otorgar una renta básica y a cobrar un impuesto a las grandes fortunas. El pueblo padece hambre y muere por miles mientras la clase política tradicional no atina salida alguna que no sea esperar la inmunidad de rebaño o una vacuna salvadora que puede demorar varios meses aún.

La crisis política actual es recurrente, sólo queda apurar el paso desde la izquierda y trabajar intensamente por articular un gran bloque unitario con todas las fuerzas políticas y sociales del campo popular para levantar una potente alternativa que se proponga dotarnos de una nueva Constitución. No hay otra salida que refundar un nuevo Estado, una nueva República con un gobierno popular que ponga la vida por delante y ajuste a los de arriba. O ellos, los grandes capitalista o nosotros. No hay termino medio. La idea de un gobierno «para todos » la predica en favor de un «capitalismo social» o sea de un capitalismo humano es el camino a la adaptación a un sistema que no da para más. Ni siquiera en los países desarrollados puede seguir sosteniéndose una economía basada en el lucro y la ganancia inherente al capitalismo. Pero claro, todo empieza con el primer paso que es dotarnos de un programa que se proponga los cambios de fondo que la emergencia demanda, empezando por avanzar hacia un sistema de salud único, universal y gratuito.

La fuerza de una propuesta de izquierda reside en que muestre un camino radicalmente distinto, solo así ganaremos la confianza de los sectores medios. Esta crisis política pasará y vendrán otras, es un círculo vicioso, se alternan unos a otros y sigue el mismo régimen y el mismo modelo que nos ata al atraso y la pobreza extrema. Es una crisis que nos interpela pues demanda que estemos a la altura para ofrecer una salida de fondo que se sostenga en la fuerza organizada y movilizada de nuestro pueblo. Un pueblo que no deja de luchar, ahora mismo en el norte contra la entrega de nuestro mar a las petroleras extranjeras, los maestros contra una nueva ley que busca entregar toda la educación a manos privadas, en el sur contra las tarifas abusivas de los servicios básicos y contra la banca usurera. Hay que confiar en esa fuerza popular capaz de mover montañas. No somos ajenos a esa voluntad de cambio que recorre nuestra América en medio de grandes peligros porque toda crisis profunda alienta extremos autoritarios incluso en nuestro medio.

Que el árbol no nos impida ver el bosque. Que esta nueva crisis en las alturas sirva para mostrar que hay una salida desde abajo y con los de abajo, con el pueblo y una ciudadanía harta de tanta corrupción y entreguismo.

Tito Prado es dirigente nacional del Movimiento Nuevo Perú.

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