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El gobierno conservador y reaccionario que conformó Manuel Merino con Flores-Araoz llegó a su fin por acción del pueblo y en especial de los jóvenes. Cuando eso pasa, cuando la calle es la que manda, es que estamos en un momento singular en la historia. El poder pasa de manos de los de siempre a manos del pueblo. Aunque sea temporal y limitado el hecho es que perdieron el control por un momento y fue el pueblo movilizado el que impuso condiciones, empezando por derrotar al golpismo que no fue solo sacar a Merino.

El desgobierno no suele ser eterno, así que ante la ausencia de un poder político – social alternativo que concentre la voluntad de las grandes mayorías, la derecha se da maña y se vuelve agrupar a duras penas a fin de mantener la “gobernabilidad”, tanto como su régimen político y económico. El nuevo presidente, Francisco Sagasti, no puede ofrecer nada nuevo porque es parte del “establishment” pero sin duda el contexto es mejor para hacer avanzar la movilización, arrancar nuevas victorias y construir una alternativa de gobierno capaz de empatar con las necesidades y esperanzas de los peruanos.

Tan dañino es darle el beneficio de la duda, pues esta actitud condescendiente desarma la movilización, como pensar que no se ganó nada, tal como sostiene un pequeño sector de la izquierda sin darse cuenta que terminan coincidiendo con el desprecio que los golpistas tienen con la gente movilizada a la que acusan de tontos. El 94% rechazó la designación de Merino como presidente de la República y el 88% rechazó el nombramiento de Flores- Araoz como primer Ministro. ¿Eso es de tontos? Todo lo contrario, con magnífica intuición política, la juventud sacó cuentas y literalmente se echó a las calles en todo el país.

Los carteles y pancartas que por miles fueron levantadas de manera espontánea en las movilizaciones auto convocadas por las redes, daban cuenta de una madurez política que sorprende a muchos. “Se metieron con la generación equivocada” quizá sea la frase que mejor resume el vuelco de la juventud a una reacción más política. Hacen política, pero desconfían de los partidos y está bien. Ese rechazo es positivo, no tienen mayores elementos para distinguir entre unos y otros, pero están prestos a aprender y aprenderán.

De momento, sienten que su lucha no fue en vano. Que pueden arrancar mucho más, de ahí que siguen las movilizaciones y sobre todo sigue el interés de seguir coordinando y organizándose. Tanto porque se haga justica con los caídos como por una nueva Constitución que ha pasado a ser el centro del reclamo y que muy bien Verónika Mendoza ha expresado planteando la necesidad de una segunda urna para que el pueblo vote el 11 de abril si cree necesario o no una Asamblea Constituyente.

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