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Via El País

Túnez atraviesa uno de sus peores momentos, justo cuando se cumple el décimo aniversario desde que el dictador Zine el Abidine Ben Ali huyera hacia Arabia Saudí el 14 de enero de 2011. Coincidiendo con esa fecha, el país magrebí ha alcanzado un pico en el número de infecciones y muertes a causa de la pandemia. Las autoridades decretaron un confinamiento de cuatro días, acompañado de un toque de queda, que ha sido contestado por miles de jóvenes en las principales ciudades del país. El Ministerio del Interior anunció el lunes la detención de 632 personas, la mayoría entre 15 y 25 años, durante las tres noches de violencia.

Los disturbios comenzaron en los barrios más pobres de la capital y se extendieron a otras regiones del país. Se han registrado saqueos, quema de neumáticos y enfrentamientos contra la policía. El Ejército, la institución más respetada del país, según varias encuestas, ha sido desplegado en las calles. Las causas de las protestas permanecen desconocidas.

La politóloga franco-tunecina Khadija Mohsen-Finan, autora del libro Tunisie, l’apprentissage de la démocratie (2011-2021), señala mediante correo electrónico que las protestas son el producto de la falta de respuestas de los sucesivos Gobiernos democráticos respecto a las demandas sociales. Frente a los jóvenes, señala Mohsen-Finan, solo hay “un Ejecutivo débil y dividido”. “Los diferentes grupos políticos pueden estar tentados de instrumentalizar esta desesperanza y transformarla en un desafío al poder”.

El portavoz del Ministerio del Interior, Khaled Hayouni, indicó a varios medios locales que el fenómeno no “tiene nada que ver” con los movimientos reivindicativos garantizados por la Constitución. “Ni se trata de protestas ni de manifestaciones”, señaló. “Son ataques contra los bienes de otros. Los que quieren protestar o manifestarse no rompen los bienes de sus conciudadanos”.

La diputada Abir Musi, la presidenta del Partido Desturiano Libre (PDL), organización nostálgica de la dictadura que experimenta una popularidad creciente desde hace varios meses, ya ha pedido cuentas al primer ministro para que aclare quién se esconde detrás de este “vandalismo”. Musi señaló que los actos no tienen nada de espontáneos y que los jóvenes habían sido financiados por partidos políticos.

La politóloga Mohsen-Finan cree que la diputada Musi sacará beneficio de esta situación, porque ella prioriza el orden y dibuja un pasado que “ella misma reescribe”. “Pero el punto común entre ella y los otros partidos que han gobernado hasta ahora es que ella no tiene nada que ofrecer. Solo se distingue por su puesta de relieve de la estabilidad. Pero se trata solo de una oferta política”.

En los últimos 12 meses, Túnez ha contado con tres Gobiernos distintos. La última crisis ministerial se produjo el pasado sábado, cuando el primer ministro, Hichem Mechichi, anunció el cambio en los titulares de 12 ministerios. Entre la docena de políticos cuya aprobación debe someter Mechichi al Parlamento no hay ninguna mujer. Desde febrero del año pasado, en plena crisis de la pandemia, el Ministerio de Sanidad ha cambiado hasta cuatro veces de responsable.

En la actualidad, Túnez registra 180.090 infecciones de la covid-19 y 5.692 muertes, en un país de 11,5 millones de habitantes. Esa cifra supone el doble de muertes de las que reconoce oficialmente la vecina Argelia (2.836), con 42 millones de habitantes, y algo menos que las que asume Marruecos (7.492), con 36 millones de habitantes. A causa de la pandemia, el PIB cayó un 8% el año pasado y el sector turístico, indispensable en la economía del país, ha visto su actividad reducida en un 68%.

En el décimo aniversario de la revolución confluyen la fragilidad de un Gobierno de coalición formado por tecnócratas con un Parlamento muy fragmentado donde el principal partido, el islamista Ennahda, venció en las legislativas de 2019 con solo 57 diputados, sobre un total de 217.

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