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Estamos en el último tramo de una lucha electoral muy dura, en medio de una crisis integral del
modelo económico y del régimen político vigentes en el país. 18 candidatos disputan la elección
presidencial, la mayoría de los cuales busca preservar el sistema actual, con sus enormes exclusiones
y desigualdades. Ellos representan a diversos sectores de la derecha y el poder económico que han
gobernado nuestro país en los últimos 30 años. Sus decisiones en favor de la inversión extranjera, del
libre mercado, de las privatizaciones, de la flexibilidad laboral, han conducido al desastre actual. Hoy,
más allá de sus diferencias, se unen para desplegar una guerra sucia contra la única opción de
izquierda que puede amenazar sus intereses: la opción que representa Juntos Por el Perú con la
candidatura de nuestra compañera Verónika Mendoza a la cabeza. Hoy más que nunca requerimos
la más amplia unidad del campo popular y progresista para cerrarle el paso a la derecha en sus
diversas versiones.


El fracaso del gobierno de Sagasti demuestra claramente que no hay espacio para salidas “centristas”.
La ineficiencia frente a la crisis sanitaria es el resultado de su negativa a centralizar todos los recursos
sanitarios públicos y privados apelando al artículo 82 de la Ley General de Salud; la precariedad de
las poblaciones subempleadas en las calles tiene que ver con la insistencia en el ineciente esquema
de bonos focalizados, que además nunca llegan a sus supuestos beneficiarios; el culto al equilibrio
fiscal y a la austeridad ha llevado a no implementar medidas para mejorar la infraestructura escolar
y la conectividad con lo cual se ha iniciado un año escolar en condiciones extremadamente
precarias; para no tocar a los monopolios privados que controlan vías de comunicación (peajes) y
venta de combustibles no atiende las demandas justas de los transportistas, a los cuales
extendemos nuestra solidaridad. Y lo que es más grave, en responsabilidad compartida con el
corrupto gobierno de Vizcarra: las vacunas llegan a cuentagotas y sin ninguna certeza de un
cronograma que garantice la inmunización ni siquiera del personal de primera línea y los más
vulnerables. No es casual que la maa corrupta, aprovechando los errores del gobierno Vizcarra, siga
conspirando después de la caída de Merino para incrementar sus cuotas de poder y, de ser posible,
patear el tablero.


El 11 de abril no tendremos una elección más, está en juego el destino histórico del país por varias
décadas. Las decisiones no deben tomarse en base a promesas inconexas, menos aún a partir de
prejuicios, temores y mentiras. Solo la coherencia y solidez de las propuestas, la consistencia de las
fuerzas políticas y la calidad moral de los liderazgos deben ser los criterios para la decisión al
momento de emitir el voto. En definitiva, o siguen las cosas como están o vamos a un cambio
histórico. Entre quienes disputan el pase a la segunda vuelta recibe un lugar preminente en la
encuestas Yonhy Lescano, quien explícitamente ha reconocido que no tiene un programa de
gobierno completo. Lo más serio, sin embargo, es que se trata del candidato de un partido que ya
gobernó cuatro veces el país, terminando desastrosamente tres de esas gestiones. En las últimas
décadas convivió sin problemas con la constitución fujimorista, demostrando total obsecuencia
frente a los intereses de los grandes empresarios. Y en noviembre del año pasado, lideró una
coalición de bancadas mafiosas que dio un golpe de estado para proclamar a su correligionario
Merino como presidente por apenas algunos días. Por su parte, George Forsyth intenta presentarse
como el abanderado de la renovación, con un discurso cuya indefinición no es sino el anunció de un
gobierno que rápidamente pactará con los dueños del país. Para garantizar esta relación lo
acompañan personajes que han pasado por los sucesivos gobiernos neo-liberales, desde Fujimori
hasta PPK.


En el extremo derecho del espectro político disputan hasta tres variantes del mismo modelo
autoritario, conservador y ultra privatista: Keiko Fujimori, Rafael López Aliaga y Hernando de Soto.
Cada uno hace su propia mistura de las piedras angulares del modelo implantado en el país con la
Constitución de 1993, todos coinciden en anunciar una “radicalización” del mismo: mano dura,
exclusión y violencia con las mujeres y grupos vulnerables, más privatizaciones, etc. El triunfo de
cualquiera de ellos sería la antesala de una mayor polarización en la política y la sociedad, con el
incremento de las tendencias fascistas en la ultra derecha.
Ante unos y otros, Verónika Mendoza es la única opción viable de izquierda, popular y democrática.


Es la única candidatura que ha firmado un compromiso de convocar un referéndum para una nueva
constitución y una Asamblea Constituyente; es la única que plante la nacionalización del gas y la
recuperación de nuestros recursos como eje de un nuevo modelo económico; es la única que se
propone centralizar todos los recursos disponibles en el campo de la salud para impedir que
peruanas y peruanos sigan muriendo día tras día; es la única que tiene propuestas concretas para
que el año escolar que se ha iniciado ser diferente al desastre que significó el año 2000.


Es indudable que la profunda y prolongada crisis política que vive el país ha afectado la credibilidad
y confianza de la ciudadanía en líderes y movimientos políticos. Pero es también cierto que se ha
extendido una voluntad de resistencia y de cambio, tal como se expresó en las masivas
movilizaciones de noviembre del año pasado. A pesar de la presión de las urgencias, la mayoría de la
población sigue respaldando la necesidad de un cambio, total o parcial, de la Constitución. La
propuesta de Verónika Mendoza y de Juntos por el Perú apunta a poner en manos del pueblo, a
través de un referéndum, la decisión en torno al tipo de cambio que se desea y la vía para lograrlo.
Para nosotros, de lo que se trata es de convocar a una Asamblea Constituyente que garantice la
amplia y plural representación de toda la sociedad peruana.
Llamamos al pueblo peruano a sumarse a esta gesta libertaria por nuestra segunda independencia,


por acabar con la dependencia de los grandes centros de poder internacional. En adelante seremos
dueños de nuestro destino y no aceptaremos ser un peón más de la geopolítica de quienes se creen
dueños del mundo. Llamamos en particular a la juventud que salió a enfrentar el golpismo
autoritario y reaccionario que se cobró la vida de Inti y Bryan a honrar su memoria continuando la
lucha por un nuevo gobierno y por una nueva Constitución. Hay luz al final del túnel, nada está
perdido, JUNTAS Y JUNTOS podemos terminan con este ciclo de corruptela y entreguismo. JUNTAS
Y JUNTOS podemos tener salud de calidad, universal y gratuita, educación pública de calidad, pleno
empleo y un desarrollo diversificado y sostenible.


Nos toca en estas últimas semanas, no solo comprometernos más sino sobre todo SUMAR más
voluntades. Valoramos intensamente las adhesiones públicas que hemos recibido, hacemos un
llamado a unirnos contra el adversario común, a vencer juntos a quienes quieren tenernos de
rodillas ante el lucro y el negocio.

¡¡¡ Vencerá la vida, vencerá la esperanza, vencerá el pueblo!!!!
VERO PRESIDENTA

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