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Via Revista Movimento

Es una victoria democrática que Lula haya restablecido sus derechos políticos. En un país donde un criminal ocupa el cargo de Presidente de la República y un sinnúmero de políticos involucrados en esquemas de corrupción comandan poderes sucios, las condenas de Lula fueron solo una decisión política de no aceptar más su participación de ningún tipo en el condominio del estado burgués. Sabiendo, además, que Lula tenía posibilidades de ganar en 2018, Moro y el STF decidieron impedirlo a competir.

Ahora Lula puede tener el campo libre para actuar. Es una condición fundamental para poner a prueba la capacidad de todos los sectores de la oposición para organizar el enfrentamiento contra la tragedia bolsonarista.

Cuando Lula fue liberado, comenzó este campo de pruebas. Sabemos que, a pesar de esto, la oposición política y parlamentar no ha podido tomar medidas contundentes para desplazar la correlación de fuerzas contra el gobierno. Cuando esto sucedió fue a manos de la oposición social, ya sea el movimiento estudiantil en 2019, con las movilizaciones en mayo, o en 2020, con los actos antifascistas en abril. Todo ello sin la destacada participación de los partidos de la izquierda tradicional.

La división burguesa fue otro obstáculo al proyecto bolsonarista de cambiar el régimen político e imponer el autoritarismo como aspecto dominante en la situación nacional. La burguesía, sin embargo, como sabemos, después de todo, ha sido cómplice del bolsonarismo. Sus divisiones son importantes, pero el factor determinante es la capacidad de las personas para construir su propio camino independiente. ¿Qué línea adoptará Lula? ¿Qué precio pedirán la burguesía y su poder judicial? ¿Exigirán a Lula una nueva carta al pueblo brasileño, que fue su pasaporte para llegar a un acuerdo con la clase dominante que lo aceptó en el poder a partir de entonces? Tendremos mucho movimiento en los próximos meses.

El desafío ahora es el llamado a la movilización social, con ollas, caravanas y salir a la calle en cuanto las condiciones sanitarias lo permitan, o incluso a pesar de ellas, si es inevitable, como sucedió con nuestro vecino Paraguay.

En el campo electoral, continúa el debate sobre la necesidad de unidad contra Bolsonaro. Pero, en el marco de la división entre PT, PDT, PSB, PC do B, PSOL, etc., y nombres disputados, como Ciro y Haddad, entre otros, ¿cómo presentará Lula su jugada? ¿Como candidato natural? Nosotros que defendemos un proyecto obrero en oposición a la continuidad de Bolsonaro y antiliberal burgués, afirmamos que nada debe parecer natural.

Con Lula en la escena, el debate del programa gana aún más peso frente a la experiencia de su propio gobierno. El frente de oposición de izquierda y centro izquierda contra Bolsonaro es un desafío. Para nosotros se puede y se debe formar un frente con este carácter. Está claro que con Lula postulándose, llevando un programa vivo en su nombre, de nuestra parte afirmaremos aún más una lógica de independencia de clase. Ésta es la razón de ser del PSOL. El PT tendrá que decir cuáles son sus verdaderas conclusiones de sus 13 años de gobierno social-liberal con medidas sociales compensatorias. El PSOL sabrá votar para derrotar a Bolsonaro. Al mismo tiempo, el PSOL sabrá elegir la táctica para defender sus banderas históricas y su proyecto anticapitalista.

Estos serán los temas de los debates que nos acompañarán en los próximos meses.

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