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Via IELA

Luego de unos meses del gobierno de Luis Arce, el MAS fue nuevamente probado en las urnas, en las elecciones municipales y departamentales, llamadas subnacionales, en Bolivia.

En los nueve departamentos, el MAS ganó Oruro, Cochabamba y Potosí. Santa Cruz quedó en manos de Creemos, habiendo elegido a Luis Camacho, líder del grupo que tomó el palacio tras la renuncia de Evo Morales y principal opositor del MAS, y Beni con el MTS. Cuatro departamentos tendrán una segunda ronda y todos tienen al MAS en marcha. Este resultado en los departamentos se está viendo como una advertencia de que la oposición sigue fuerte y que la situación del partido no es tan cómoda.

En cuanto a los municipios, el mapa del país se mantuvo mayoritariamente azul con el Movimiento por el Socialismo conquistando 240 ciudades – 13 más que en 2015 – de las 336 existentes. Si bien la oposición de derecha es fuerte en algunas ciudades con alta densidad de población, como Santa Cruz, el MAS logra tener mucha penetración en las pequeñas ciudades rurales que aún son eminentemente rurales. Estos espacios siguen siendo el núcleo duro del partido y suman más del 30% de la base del partido.

También hubo una gran polarización en las grandes ciudades donde hay un sentimiento anti-Evo bien definido. Ya hemos hablado de Santa Cruz, pero esto también sucedió en La Paz, Cochabamba y El Alto, donde perdió el MAS, aunque esta derrota fue contra nuevos líderes que dejaron atrás a viejos líderes locales inaugurando un nuevo rasgo en la política. Aun así, el partido del gobierno fue el único que logró garantizar la representación en los nueve departamentos, incluido el racista y derechista Santa Cruz, donde se quedó con 28 municipios contra 54.

En los 96 municipios que no quedaron bajo el mando del MAS, la victoria se repartió entre 43 frentes locales o regionales. Entre ellos, el Movimiento Tercer Sistema se quedó con 10, Unidos con ocho, Venceremos con siete, Creemos con siete, Demócratas con cinco y Jallalla (de base indígena y popular), que se apoderó de cuatro municipios, incluido El Alto.

Las elecciones subnacionales en Bolivia cuentan con dos sistemas bien definidos, uno que se articula a nivel nacional y otro que se organiza regionalmente, subdividido en municipios, con base en intereses muy particulares, de ahí la gran cantidad de agrupaciones ciudadanas con listas en los más diversos municipios, así como organizaciones indígenas por etnia. Esto significa que un grupo puede competir en un solo departamento.

La izquierda y la derecha: conceptos que no incluyen a los indígenas

Es precisamente esta diversidad de agrupaciones políticas la que posibilitó el ascenso de Jallalla, que eligió a Eva Copa como alcaldesa de El Alto. Este grupo se articuló este año para las elecciones en el Departamento de La Paz, principalmente en la ciudad de El Alto, la segunda ciudad más grande del país, con la capital a sus pies. El municipio se encuentra a cuatro mil metros sobre el nivel del mar y hoy cuenta con casi un millón doscientos mil habitantes, la mayoría de los cuales son indígenas aymaras, migrantes de las más diversas regiones de Bolivia.

El Alto fue un suburbio de La Paz hasta 1985, pero como resultado de su crecimiento ganó el estatus de municipio. Su gente ha jugado un papel destacado en la vida política del país desde el levantamiento de Túpac Katari, quien de allí llegó a rodear La Paz en 1791, en la misma estela de la lucha de Túpac Amaru. En la historia contemporánea, la ciudad de El Alto también tuvo un papel protagonista en la caída de Sánchez de Losada y en la Guerra del Gas.

En diciembre del año pasado, cuando se empezaron a articular las candidaturas a las alcaldías, la senadora Eva Copa, electa por el MAS, quien fue incluso presidenta del Senado y quien luego de la renuncia cosió acuerdos políticos para garantizar las elecciones presidenciales, bajo la dirección de Evo Morales, esperaba ser nominada por el partido por el municipio de El Alto. Pero no fue la elegida. Esto creó una crisis y provocó que se rompiera con el Movimiento Al Socialismo. Poco tiempo después, Eva sorprendió a todos al anunciar su candidatura a la alcaldía de El Alto por parte de Agrupação Jallalla, una organización política de tribunales indígenas. En un acto público, habló de su compromiso con su ciudad natal y aceptó llevar el abrigo rojo del movimiento. El resultado fue una contundente victoria de Eva, con casi el 70% de los votos que además garantizó a 9 de los 11 concejales municipales.

Aunque algunos dirigentes de izquierda vinculados al MAS acusan al grupo Jallalla de ser un brazo del PAN-BOL, un partido de derecha, los dirigentes que asumieron la campaña este año repudian esa afirmación. Según Magali Vianca, abogada y activista que trabajó en la campaña de Eva Copa, el grupo ya existía, pero estaba inactivo, y su creador realmente tiene acusaciones de corrupción. “Pero eso no significa que estemos conectados a PAN-BOL. Solo se necesitaba un grupo para que pudiéramos lanzar la candidatura de Eva y Malku (Felipe Quispe, que era el candidato por el departamento de La Paz), porque aquí, para nosotros, lo que realmente importa es el liderazgo político”.

A Magali tampoco le gusta marcar la realidad boliviana con la dicotomía derecha / izquierda, que para ella son conceptos importados, eurocéntricos. El mundo indígena tiene otras referencias. También explica que hasta principios de la década del 2000 se podía ver con claridad lo que era derecha y lo que era izquierda, con todo el proceso de privatización y todo, pero ahora esa línea se ha perdido. “Hay gente que piensa que el gobierno de Evo Morales fue de derecha porque no cumplió con la agenda indígena, por lo que hizo en los territorios, como en el caso del TIPNIS”.

TPNIS es la Tierra Indígena del Parque Nacional Isiboro-Sécure. Isiboro y Sécure son dos ríos en esta área de cerca de un millón de hectáreas donde viven cuatro nacionalidades: Tsimanes, Mojeno-Triitarios y Yuracarés. El gobierno de Evo intentó partir la tierra por la mitad para abrir una carretera, provocando muchas manifestaciones y protestas.

Por eso la dirección de Eva Copa, alcaldesa electa de El Alto, ahora pretende trabajar en una línea que no refuerza la división que existe en el país hoy entre quienes apoyan al MAS y el movimiento anti-MAS. Hay más cosas de las que esta dicotomía pretende cristalizar. De ahí la idea de crear un nuevo partido, capaz de unificar las demandas indígenas, campesinas y populares, además de la propuesta socialdemócrata del MAS. “La izquierda local ve al indio de una manera muy paternalista. No reclama su emancipación. Tanto es así que el rostro de la pobreza en el país sigue siendo indígena. Por eso siempre surge la idea de una fiesta india. Este siempre ha sido el caso en Bolivia: katarismo, nacionalismo. Y estos movimientos siempre han estado en diálogo con la izquierda y también con la derecha. Para ellos, las demandas de la mayoría tienen que ser válidas”.

Magali critica lo que llama de “izquierda pachamamista”, que utiliza la cultura indígena como adorno de sus políticas populistas, sin comprender realmente esta cultura y sin un proyecto real para escuchar las demandas originarias. El propio diputado de Evo Morales, García Linera, quien tiene un extenso trabajo teórico sobre los pueblos indígenas de Bolivia, es visto como un “pachamamista”, ya que nunca avanzó concretamente en la construcción del Estado plurinacional que está consolidado en la Constitución.

El grupo Jallalla, que eligió a Eva Copa, también está en la segunda vuelta de la gobernación del departamento de La Paz. El candidato elegido había sido el legendario líder aymara Felipe Quispe, con una larga trayectoria política en la lucha de los pueblos originarios, pero su muerte terminó poniendo a su hijo en la fórmula, Santos Quispe, quien también obtuvo muchos votos y es un fuerte opositor del MAS. La campaña ha sido valiente, pero está bastante claro que Santos no tiene la preparación política que tuvo El Malku y esto puede ser determinante en las elecciones del 11 de abril.

Esta tensión entre el pueblo indígena (de perfil katarista y nacionalista) y el MAS no es de hoy y creció mucho cuando Evo Morales decidió pasar una ruta dentro del Parque Nacional Indígena (TIPNIS), generando revueltas y muchas batallas de resistencia. Por si esto fuera poco, a pesar del origen aymara de Evo, las comunidades lo identificaron mucho más con el grupo de cocaleros / campesinos que con los grupos de lucha indígena. Este siempre ha sido un punto de conflicto. Muchos líderes indígenas comenzaron a criticar al gobierno, alegando que la propuesta de Evo / Linera avanzaba más hacia un camino de desarrollo en la línea de la revolución de 1952, que hacia un proceso de cambio realmente ligado al carácter plurinacional con respeto a la forma de vida de la población mayoritariamente indígena. García Linera también fue criticado por hacer lo contrario de lo que escribió.

Felipe Quispe, por ejemplo, quien dirigió un ejército guerrillero “Tupac Katari” en la década de los noventa, siempre fue crítico con el gobierno de Evo Morales y fue uno de los que reivindicaron la necesidad de un partido nacido en comunidades indígenas y solo con indígenas. En este punto fue bastante radical, no aceptando que los no indígenas pudieran dictar la vida de las comunidades. Siempre fue tildado de intolerante, radical e incluso racista, pero entendía que cualquier concesión significaría quedarse con el virus del colonialismo.

La revolución popular de corte campesino que tuvo lugar en 1952 ya había demostrado que incluso un gobierno de izquierda, como el revolucionario, no estaba preparado para atender las demandas indígenas. En ese momento, la propuesta para las comunidades era una reforma agraria en la línea del capitalismo, con la distribución individual de la tierra, cuando la tradición fue siempre de uso colectivo de la tierra, en la tradición del ayllu.

Un nuevo partido

Con la contundente victoria de Eva Copa en El Alto, vuelve a surgir la idea de un partido indígena, de alcance nacional, capaz de amalgamar las propuestas del katarismo y el nacionalismo popular, y esto debe empezar a coserse. Aún no se sabe si el grupo de Santos Quispe compondrá esta propuesta, aunque él -tanto cuando su padre, Felipe- ya había manifestado esta intención. Jallalla los reunió para esta elección en particular y también puede ser que no sea en ese partido, ya que presenta problemas debido a su fundador.

Lo que parece correcto, como enfatiza Magali Vianca, es trabajar contra la polarización MAS/anti-MAS y fortalecer los liderazgos más jóvenes que han surgido desde la guerra del agua y la guerra del gas. La población boliviana es mayoritariamente indígena y las demandas de las comunidades deben entenderse y satisfacerse mejor. “Lo que nos interesa es generar proyectos políticos que tengan como sujetos a los movimientos indígenas”.

Magali dice que Eva Copa, por ejemplo, no necesita afirmarse como indígena, ni usar ornamentos indígenas de manera folclórica. Ella es aymara y listo. Maneja el discurso popular con mucha seguridad y no necesita reivindicarse indianista. “Aquí en El Alto somos muy politizados. La señora que vende refrescos en la calle habla de política, el estudiante, el comerciante y el indígena. No es algo simbólico, folclórico, es la propia vida”. Los pueblos indígenas no quieren ser instrumentalizados por ningún partido que use adornos indígenas, comparta ceremonias, pero que siga haciendo política de manera tradicional y no avance en cambios estructurales.

“No traemos peticiones culturales. Esto solo refuerza el racismo que existe en nuestro país. Queremos abordar los problemas económicos y estructurales”, dice Magali.

Los indígenas de Bolivia quieren discutir sus demandas y avanzar en la consolidación del Estado plurinacional, dando espacio a las singularidades aymara, quechua, guaraní y otras 33 nacionalidades.

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