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Este texto son capítulos de un libro que se titula “70 Años de Luchas y Revoluciones en América Latina”. Por sugerencia de camaradas he decidido publicar esta parte del mismo (la nueva situación a partir de 2019) dada la actualidad que tiene este tema para los militantes de la IV Internacional. No es un documento, son capítulos que llegan ante las jornadas de Colombia. He agregado como último tema un artículo escrito a propósito del triunfo de Castillo y en homenaje a Tito Prado militante internacionalista recientemente fallecido de Covid 19.

Pedro Fuentes

9/06/2021

Las nuevas insurgencias a partir del 2019

A partir de manera nítida en el 2019, Latino América se ha sacudido. Su mapa se ha colorido de rebeliones, huelgas e insurrecciones que siguen hasta hoy y todo indica que no van a parar. Una interrogante surge en la izquierda ante esta nueva situación. ¿Qué elemento es más importante para cambiar LA, los progresismos o la construcción de nuevas alternativas a partir de la vanguardia que surge en estos procesos?

Hacemos una observación importante. Se ha impuesto en la izquierda el término de “progresismos” para calificar (en contraposición a los neoliberales o totalitarios), a todos los gobiernos que no provinieron de los tradicionales en la década del 2.000. La definición de progresismo no es fiel a la realidad porque con esa definición se pierde la diferencia em cualidad que tuvieron estos gobiernos. Lula, Kirchner, Mujica fueron cualitativamente diferentes a Chávez, Evo y Correa. Y es importante esta diferencia quienes califican a todos como progresistas, poniéndolos en el mismo saco, ayudan a la confusión de aquellos que piensan que ahora nuevamente dominan o dominaran los progresismos.

Hay todavía una polémica sobre el signo de la situación. Hay quienes opinan que vivimos una etapa reaccionaria en Latinoamérica. Es verdad que todavía está Bolsonaro y Duque no termina de caer. Se puede argumentar estos dos hechos como el triunfo de Lazzo en Ecuador y la posibilidad del fraude para que gane la Fujimory, para afirmar ese punto de vista, o es una visión equivocada que pierde de vista tanto la realidad como la perspectiva. Pierden el curso general de la situación y triunfos democráticos y antineoliberales. La movilización chilena hizo trizas la herencia pinochetista encarnada en Piñera y en Bolivia fue derrotada la golpista parlamentaria de Añez, hoy presa. (Vale también registrar que hace tres años los EEUU no pudieron llevar adelante su objetivo de injerencia militarista en Venezuela. Independientemente que Maduro, cuanto Ortega, hacen parte de esa constelación totalitaria pero de distinto signo.

Si durante el 2016- 2018 Latinoamérica dominaba una ofensiva reaccionaria (Macri, Bolsonaro, Piñera, Duque) esto cambió en 2019. Este cambio (que se había preanunciado en algunos países del Caribe como Puerto Rico y Haití) tomo un signo definido.

Tuvimos el levantamiento indígena en Ecuador, luego la insurgencia chilena contra el modelo neoliberal heredado de Pinochet y que muy bien representaba Piñera, la huelga general de Colombia que sembró para la actual insurrección. Y en 2020, en plena pandemia el heroico pueblo boliviano, literalmente acabó con el golpe parlamentario de Añez que pretendía perpetuarse en el poder. El resultado final fue el contundente triunfo electoral del MAS. Las movilizaciones de Perú, derrotaron al gobierno del golpe parlamentario de Merino que duró una semana en el poder y en Paraguay el pueblo se insurreccionó contra la inoperancia y corrupción del gobierno frente a la pandemia.

En el año 2021 este proceso continuó. Si se quiere se hizo más contundente. Los hechos que se fueron sucediendo son más recientes y conocidos. Nos detenemos solamente en los dos últimos acontecimientos.

Vale la pena recordar también que esta onda tuvo una fuerte expresión en los EEUU cuando el asesinato de George Floyd, que abrió el camino a la lucha racista en el mundo. Y que posteriormente en las elecciones fue derrotado Trump, el máximo exponente de la derecha proto-fascista en el mundo. Lo que está sucediendo en LA se inscribe en estos cambios que ocurrieron en el país del norte.

Nos detenemos en dos procesos; Chile y Colombia que son los más recientes e ilustrativos. No entramos en el de Ecuador (una verdadera rebelión juvenil-indígena, Bolivia, y Perú donde ahora se juega la elección entre la derecha autoritaria de Fujimory y el líder de los trabajadores de la educación Pedro Castillo.

Chile insurgente

El Chile insurgente infligió una derrota dura a la derecha en las elecciones para la Asamblea Constituyente. El resultado no cayó del cielo. ….Según dicen compañeros chilenos es una victoria más grande que la que obtuvo Allende con la Unidad Popular en 1971. Parece que tienen razón. La derecha fue mucho más herida, no obtuvo el tercio necesario que le daba poder de veto. Las elecciones chilenas abren un proceso constituyente que es a la vez “destituyente”; es la institucionalización de la insurrección antineoliberal que pedía la cabeza de Piñera que tuvo Chile en el 2019. Finalmente la alcanzó en una magnitud mayor así este siga en el poder hasta fin de año.

Se puede objetar correctamente que el aparato de estado está lejos de ser destruido. Pero no era esto lo que se planteaba el pueblo chileno cuando se movilizó, (no alcanzó a hacer una revolución como la sandinista). Entonces la derecha puede maniobrar. Puede, pero no puede dar marcha atrás, volver a lo de antes. Se abrió un proceso constituyente que va a modificar (no desmantelar) el estado chileno. Hasta donde va, hasta que estación puede llegar el tren de la revolución democrática y anti neoliberal, dependerá de la energía que ponga el pueblo chileno (el combustible), y hasta adonde se organiza una dirección (revolucionaria -el maquinista que conduce al tren). Pero el tren ya arrancó y no vuelve para atrás. De la movilización y de cómo los constituyentes apelen a la misma dependerá hasta adonde llega.

Para terminar vale registrar los resultados: La derecha estuvo lejos de alcanzar el tercio, tuvo 37 electos sobre un total de 172 constituyentes (sumados los 17 de los pueblos originarios), la concertación de Bachelet 25, la lista del PC y el Frente Amplio 28, y los independientes 48. Esto indica que también la concertación de Bachelet y los demócratas cristianos que gobernaron durante varios períodos con la constitución de Pinochet, y a los que se puede calificar de progresismo, han sufrido también una derrota. Si se suman a la derecha están lejos de tener la mayoría.

Por su parte, el PC salió por fuera de la concertación uniéndose al Frente Amplio y corrientes independientes de izquierda. Este viraje de izquierda del PC comenzó ya en el 2019 cuando votó en contra del pacto de Piñera con el parlamento en momentos que estaba colocada la caída de Piñera. Este cambio del PC es un elemento importante a observar ya que si bien sigue manteniendo su estructura vertical su política ha cambiado. Habrá que observar si este no es un elemento más de la nueva situación. El giro hacia una política clasista y de confrontación de sectores de la izquierda como de sindicatos. Algo similar pasa con las direcciones sindicales colombianas como luego veremos.

Hay que agregar como victoria también que habrá mayoría de constituyentes mujeres, algo inédito, y que no es un regalo sino una conquista ya que las mujeres estuvieron en todos estos años a la vanguardia de la movilización. Y también que el Partido Comunista ganó la Alcaldía de Santiago y Sharp un luchador de izquierda que salió del Frente Amplio por su oposición al acuerdo parlamentario con Piñera, la de Valparaíso.

Colombia valiente

Hace más de un mes que el pueblo colombiano está en la calle, llevando adelante cortes, movilizaciones y sucesivos paros generales. La contundencia de la movilización es fuerte, con los jóvenes de los barrios pobres de Cali a la cabeza y un Comando Nacional de Huelga integrado por los sindicatos y la CUT, (dirigidos por sectores burocráticos) en el que alcanzan también representación agrupamientos más combativos como indígenas.

Por su parte en los barrios, principalmente en Cali y en el Valle del Cauca donde está situada y estas otras ciudades del nororiente colombiano, ha avanzado un proceso de auto organización de los jóvenes que son los que sostienen los bloqueos. Según cuentan compañeros colombianos están alcanzando un grado de organización y cierta centralización todavía insuficiente. Prima en los jóvenes la desconfianza hacia los partidos políticos, los sindicatos y por sobre todo a la palabra del gobierno en las negociaciones.

Hay que recordar que el paro de octubre del 2019 fue “un ensayo general”, que dejó una importante lección al movimiento de masas, especialmente a la juventud: Las centrales sindicales no le dieron continuidad. Esta vez el movimiento de masas no cayó en ese error. A pesar de que el presidente Duque retiró el proyecto de ley del impuesto que tasaba a la clase media y los trabajadores. Se levantó un programa de puntos esenciales para enfrentar la crisis y la huelga general tuvo que seguir con varias convocatorias y movilizaciones empujadas por los bloqueos que los jóvenes de Cali están haciendo.

Esta movilización que pide más que la reforma tributaria que el gobierno intentó pasar y tuvo que retirar. Con sus demandas atacan pilares de las injusticias del Estado neoliberal colombiano, que es neoliberal en sus formas económicas, pero que además tiene el peso del narcotráfico, y las relaciones íntimas que este establece con el poder.

De ahí que la movilización enfrenta a un régimen que practica sistemáticamente el terrorismo de estado. Duque es hijo de Uribe siniestro ex gobernante aliado al narcotráfico y como su fiel heredero rompe sistemáticamente los acuerdos de PAZ logrados entre la Farc y el gobierno de Santos. Sea por medio de sus sicarios, agentes paramilitares que desplazan y persiguen hasta desplazar los pueblos indígenas, sea en su persecución al activismo sindical que tiene sobre sus espaldas miles de muertos. Ahora continúa con las mismas prácticas.

Si miramos Colombia y la comparamos con los movilizaciones que han recorrido los Andes hay dos puntos comunes; disposición a la lucha y represión dura, pero que en Colombia es cualitativa; las prácticas del terrorismo de estado han dejado más de 60 muertos, más de la mitad de ellos en Cali, mientras que hay una centena de desaparecidos y miles de heridos; una represión sistemática que no para, a pesar que el gobierno dice que quiere negociar.

La particularidad colombiana es que el terrorismo de estado es parte del régimen. Por eso, el gobierno dice que negocia, pero al mismo tiempo lanza la policía especial y ahora el ejército a reprimir matar y hacer desaparecer manifestantes. Hay un punto de impasse. El movimiento quiere que se pare la represión y se retiren de la movilización y el gobierno, con su lógica y esencia represiva no acepta.

Cuando escribimos este texto, el Comando de Huelga formado esencialmente por las centrales sindicales y sindicatos con la participación de representantes de otros sectores como indígenas o colectivos de derechos humanos, no ha podido cerrar un acuerdo con el gobierno. Hay un punto que parece innegociable para este gobierno; el de parar las fuerzas represivas.

La situación sigue abierta y arriesgamos un pronóstico. Es muy difícil, que el gobierno logre asestar una derrota en toda la línea al movimiento de masas. Este en el transcurso de la movilización se ha convertido en un cuestionador de las raíces de este régimen, que podrá sobrevivir pero que ya no será el mismo, y su futuro más pronto o más tarde está colocado como consecuencia del heroico levante colombiano.

¿Vuelven los progresismos? ¿En qué condiciones?

Paralelo a estos procesos hay un cierto reanimamiento de los viejos progresismos como hoy se denominan los gobiernos surgidos a partir del 2,000 con Lula, Chávez, Evo, Kirchner, Mujica). Ahora ahí están López Obrador, Alberto Fernández, Arce y los probables gobiernos de Petros en Colombia y Lula en Brasil.

Una observación importante previa. Se ha impuesto en la izquierda el término de “progresismos” para calificar (en contraposición a los neoliberales o totalitarios), a todos los gobiernos que no provinieron de los tradicionales en la década del 2,000. La definición de progresismo no es fiel a la realidad porque con esa definición se pierde la diferencia en cualidad que tuvieron estos gobiernos. Lula, Kirchner, Mujica fueron cualitativamente diferentes a Chávez, Evo y Correa. Y es importante esta diferencia quienes califican a todos como progresistas, poniéndolos en el mismo saco, ayudan a la confusión de aquellos que piensan que ahora nuevamente dominan o dominaran los progresismos.

Una interrogante surge en la izquierda ante esta nueva situación. ¿Qué elemento es más importante para cambiar LA, los progresismos o la construcción de nuevas alternativas a partir de la vanguardia que surge en estos procesos?

Estas son las preguntas que están colocadas en medio del actual proceso de lucha que vive nuestro continente. Sectores de izquierda piensan que luego del período reaccionario (gobiernos de Macri, Piñera, Lenin Moreno, Duque, Bolsonaro…) por el cual todavía en forma desigual LA transita, la forma de terminar con ellos es volver a los viejos progresismos. Es verdad que hay un retorno de ellos con Fernández en Argentina, Arce en Bolivia, López Obrador el posible triunfo electoral de Lula en Brasil y de Petros en Colombia.

No podemos negar esta realidad, pero hay elementos nuevos que hacen imposible que sean lo que fueron antes.

Uno de ellos es la grave crisis multidimensional, y como parte de ella la crisis económica y de dominación. Como escribieron en un último texto a presentar a una próxima reunión de la IV Internacional la compañera Ana Valladares e Israel Dutra miembros del bureau de la IV Internacional:

«La actual crisis económica mundial sin precedentes y la agudización del enfrentamiento entre EE.UU. y China (por no hablar de Rusia) hacen imposible la repetición de un nuevo período más o menos largo de estabilidad basado en el modelo de una época en la que el mundo crecía y EE.UU., Europa, China y Rusia coexistían sin grandes tensiones. Desgraciadamente, las opciones progresistas no han superado este modelo y siguen llamando a los pueblos a creer que es posible «volver a empezar», como si nada hubiera cambiado, cono si no hubieran gobernado y se hubieran desgastado ante sus partidarios y las nuevas generaciones de activistas, chocando con sus demandas. No tendremos paz ni estabilidad».

Ligado a este elemento estructural, (la crisis no permite reformas) los progresismos de ahora están vacíos estructuralmente de masas; no tienen relación orgánica con ellas, son superestructuras electorales que existen para las elecciones parlamentarias y presidenciales.

Si bien sectores importantes del pueblo lo pueden ver como un mal menor pensando “que el pasado fue mejor”, no tienen el peso de masas de la década del 2.000 cuando creaban entusiasmo y optimismo en el movimiento de los trabajadores.

Junto a estas cuestiones ha surgido a partir del 2019 un elemento nuevo en LA: las insurrecciones que la recorren como respuesta a la crisis y el surgimiento de una nueva vanguardia amplia objetivamente anti sistémica, al margen de los progresismos.

Ya hicimosun vuelo rápido sobre nuestro continente de los levantes y rebeliones han cubierto gran parte del mapa. Estos movimientos son diferentes a los progresismos del 2000, tienen características nuevas comunes a ellos dentro de sus lógicas particularidades.

a/ Los protagonistas son los jóvenes, los pueblos indígenas, los afro-decendientes, (que en varios países hacen una mayoría destacable), los campesinos pobres, las mujeres, y los trabajadores de servicio y de tele entregas. En todos los sectores las mujeres y los jóvenes son una fuerza destacada. Es decir que en estos nuevos levantes han entrado en escena nuevos sectores que se suman a los trabajadores, en particular a los de servicios que siguen protagonizando fuertes luchas.

b/ Estas insurrecciones chocan con una fuerte represión por parte de los gobiernos. En todas de ellas han reprimido fuertemente. Han quedado decenas de muertos en Bolivia, Ecuador Perú…Pero los insurreccionados no se amedrentan y enfrentan la represión. En Chile fueron más de un mes de movilizaciones hasta que se logró la Asamblea Constituyente, y en Colombia (cuando escribimos este capítulo) van más de 12 días enfrentando los métodos de represión típicos de un régimen que tiene a sus espaldas más mil asesinatos y que práctica el terrorismo de estado. Una de las características de este nuevo período –a diferencia con el 2000 es esa dureza en la represión de los gobiernos que no tienen otra salida que no sea apelar a ella.

c/ Estas movilizaciones no solo incorporaron nuevos sujetos sociales sino que también incorporaron nuevas demandas y viejas en forma más inmediata de que antes lo estaban, como consecuencia de la crisis multidimensional que vivimos. Puntos del mismo, ya están colocados en la movilización.

  1. Se trata de la defensa de los pueblos originarios, de la defensa –vinculado a lo anterior- del medio ambiente contra el extrativismo depredador. La cuestión ecológica se ha puesto en la agenda como tema nuevo esencial.
  2. La crisis multidimensional agravada por la pandemia ha colocado en la estatización de la salud como tarea para terminar con los lucros de los capitalistas en esta área. Se trata de nacionalizar el sistema, de quebrar las patentes, de expropiar bajo control social los laboratorios
  3. La necesidad de una renta mínima para toda la población solo se podrá lograr si se tasa a los grandes capitalistas, a la vez que es necesaria la nacionalización de los bancos y la anulación de las deudas que contrajeron los gobiernos con el BM y el FMI.
  4. En síntesis para salir de la crisis Latinoamérica necesita de medidas de emergencia que solo se pueden llevar adelante si, al mismo tiempo, no se tocan los intereses de la alta burguesía, del capital financiero y el imperialismo. Esta comienza a ser y será la marca del próximo período; la búsqueda de la vanguardia de un nuevo programa antiimperialista, anticapitalista y eco socialista cono es el que apuntan los nuevos procesos.

d/ En todos estos procesos surge una vanguardia amplia, anti-sistémica, independiente de los progresismos y los viejos partidos. Se trata de una vanguardia de masas o mejor dicho de sectores de masas que en Cali (hoy epicentro de los levantamientos) son los jóvenes pobladores de los barrios pobres en Cali y los indígenas. Esta vanguardia es objetivamente anti sistémica, es decir hace un cuestionamiento global a la crisis del sistema capitalista. Esto no quiere decir que sea socialista o revolucionaria, rechaza la realidad actual, pero todavía no encuentra la salida. Y esto es así porque hay todavía una crisis de programa en el sentido de ver otro poder, y por supuesto ver otra alternativa.

El papel de los progresismos ante las movilizaciones

El papel que juegan los progresismos es de conciliación. No es casual; como decíamos en diferentes grados todos ellos están institucionalizados, son parte del régimen político y el sistema contra el cual chocan todas estas insurrecciones. De ahí su papel de “mediadores” donde la polarización no permite la mediación.

Esta fue su actitud en Chile. Cuando la movilización pedía la renuncia de Piñera toda la izquierda, a excepción del Partido Comunista, pactaban la realización de la Constituyente en donde el cuarenta por ciento (40%) de los constituyentes, -cifra accesible por la derecha-, tiene el poder de veto. Para dar otro ejemplo, en Ecuador el correísmo, en lugar de ser parte activa y vanguardia de la movilización se mantuvo independiente. Su acción propia fue intentar quemar el edificio público donde están los archivos que están los juicios a Correa.

En Brasil, Lula, sostiene que hay que sacar a Bolsonaro en las elecciones cuando este asesino genocida tiene sobre sus espaldas lo que hasta ahora son más de cuatrocientos veinte mil (420,000) muertos. Y en Colombia, donde se encuentra el ápice de la movilización, tanto la alcaldesa de Bogotá Claudia López Hernández y el candidato a presidente para las elecciones del 2022 Gustavo Petros del Polo Patriótico hicieron declaraciones llamando al levantamiento del paro ya en los comienzos del levante cuando el gobierno retiró la reforma tributaria pero no cumplía con el pliego de los movilizados.

De esa manera, todos los progresismos estuvieron por fuera o contra las movilizaciones esperando su oportunidad en los procesos electorales.

Para salir de la crisis, Latinoamérica necesita de medidas de emergencia que solo se pueden llevar adelante si, al mismo tiempo, no se tocan los intereses de la alta burguesía, del capital financiero y el imperialismo. Esta comienza a ser y será la marca del próximo período; la búsqueda de la vanguardia de un nuevo programa antiimperialista, anticapitalista y eco- socialista como es al que apuntan los nuevos procesos.

En este marco concreto los progresismos pueden convertirse –en algunos momentos-, en una estación intermediaria, pero nunca una salida a la crisis.

Las contradicciones reales que pueden confundir

Los sectores de izquierda que ven en el progresismo una salida a la actual situación cometen un error al abandonar la estrategia socialista; debilitan también el empalme de más sectores de izquierda con esa nueva vanguardia. Pero, todo error tiene un elemento (a medias) de verdad. Y es que hay un desarrollo desigual entre la magnitud de la crisis y las alternativas anticapitalistas ante la misma. La superación de los progresismos por la izquierda no es fácil y tropieza con dificultades reales que ahora se irán superando en la medida que la insurgencia Latinoamericana avance.

Sin embargo, este retraso no justifica la política de la izquierda que ve la alternativa en el progresismo. Ellos están siguiendo a direcciones que van contra la movilización de masas y atrasando la construcción de nuevas alternativas.

Comparemos la situación con la de un tren que se ha puesto en marcha. El combustible que lo mueve son las movilizaciones de las que hablamos. El tren tiene como destino el de una nueva alternativa anticapitalista de masas que abra un nuevo proceso en nuestro continente. Cuando el combustible es mucho, el progresismo no puede pararlo en la estación de la conciliación de clases como sucedió en Chile. Entonces el tren sigue sin parar camino a la nueva estación. En otros países como en el caso de Brasil, el timonel (el lulopetismo) tiene la habilidad y maestría para pararlo en esa estación de la conciliación de clases. Es verdad que esta es la alternativa en Brasil. El debate en la izquierda es si, durante ese camino a esa estación, nosotros nos preparamos para seguir, es decir ir construyendo un nuevo maquinista que se plantee seguir avanzando después de esa parada. Ahí hay una gran diferencia, porque sectores de la izquierda solo piensan que esa primera estación es el destino final; entonces se bajan del tren junto con el maquinista del progresismo. Por el contrario, los anticapitalistas no nos bajamos, nos quedamos dentro del tren para que, cuando las masas lo pongan en movimiento tengan un maquinista que pueda guiarlo para las nuevas estaciones.

Táctica y estrategia.

Dejando el ejemplo y pasando a los conceptos; con los progresismos es posible solamente tener una política de unidad de acción y frente único puntual, o sea alrededor de alguna tarea presente que esté colocada por la realidad y que sea realizable para ayudar a la movilización.

En el terreno electoral de Brasil (y tal vez de Colombia), es evidente que en las elecciones del año próximo hay que derrotar a Duque y a Bolsonaro y que para ello, tendremos que dar apoyo a Petros y Lula si es este el candidato opositor en Brasil, pero tendremos que hacer esto como táctica electoral; no se trata de un voto programático como lo piensan algunos sectores de la izquierda. Programáticamente es necesario sostener el programa anticapitalista que es el que responde a las necesidades de las masas para salir de la crisis.

En el caso de Brasil esta discusión está abierta incluso dentro de las filas del PSOL donde las elecciones se hacen en dos turnos. Hay un sector de la izquierda y el PSOL, que defienden el voto por Lula en el primer turno. Es decir que, volviendo al ejemplo dan por finalizado el trayecto en la primera estación.

Argumentan que hay que votar por él llamando a que haga un frente de izquierda, es decir un frente con toda la gama de partidos que van desde los que serían socialdemócratas brasileros hasta el PSOL. Pero esta política choca con dos problemas. El primero que es públicamente es sabido que Lula no quiere un frente de izquierda; quiere una alianza electoral que incluya hasta partidos de centro derecha es decir algún representante de la burguesía de vice. Lula es quien decide con quien quiere hacer la alianza y en este sentido ya estableció diálogos con el establishment. Por lo tanto, es un error crear ilusiones con un frente que es imposible.

Entonces esta confusión va a significar poner debajo de la alfombra el programa y la misma tradición del partido que surgió en oposición al gobierno de Lula cuando este hizo la reforma de las jubilaciones, con lo que quedó demostrado que sus intereses de clase eran a favor de la gran burguesía. Es fundamental presentar un programa para que no desaparezca la alternativa anticapitalista ante la vanguardia y el movimiento de masas. La política no se guía solo por lo posible e inmediato. (Que en este caso incluso es un inmediato imposible). En la política revolucionaria hay una relación entre la táctica (los medios) y la estrategia, el objetivo. Nuestra estrategia es disputar un sector de masas para el para un programa de transición, anticapitalista.

No hay mejoras económicas en Brasil ni en ningún país de LA en los marcos de este régimen. Y nuestra táctica no puede entrar en contradicción con la estrategia de construir una alternativa anticapitalista. Evidentemente que no hay una relación mecánica; la táctica puede seguir y apelar a distintos medios, pero nunca puede chocar con la estrategia.

Votar por un programa

Hoy en día las medidas de urgencia, inmediatas, se transforman en transicionales. No se puede hablar de la quiebra de las patentes si también no se plantea la nacionalización de los laboratorios que producen la vacuna contra el Covid, y los nuevos virus que vendrán.

Una renta básica –que es una renta de sobrevivencia-, no se puede hacer si no se tasan fuertemente las fortunas de los más ricos. La agobiante deuda externa no se puede seguir pagando. Su anulación significa también la expropiación y nacionalización de la banca. Hay que terminar con la agresión a la naturaleza, el extractivismo, la desforestación de las reservas ecológicas y en especial de la Amazonas que ya no son solo una amenaza para el futuro sino también en el presente. Expulsar las empresas multinacionales, hacer un uso racional de los recursos naturales solo es posible con medidas que ataquen al imperialismo y sus agentes. Hay que combatir los racismos contra los pueblos originarios (indígenas) y los afrolatinos (negros).

Es por estas razones que en el primer turno hay que defender un programa anticapitalista, así esta política aparezca en lo inmediato como equivocada para los sectores que ven la salida en el mal menor de Lula. Pero la dinámica y el futuro (cuando Lula sea gobierno y llene su gabinete de prominentes burgueses), va a mostrar que aquellos que defendieron el programa radical tenían razón. En política hay que ver la dinámica más probable: Lula gobernando con la burguesía. Esto es lo posible, pero no por eso nos hacemos posibilistas: mantenemos al PSOL con candidatura propia en el primer turno, es decir preparamos al futuro maquinista. En un segundo turno toma peso total derrotar a Bolsonaro. Hay que votar contra este neofascismo así la alternativa sea dentro del régimen.

Un fin que es también un principio

No había mejor manera de concluir este libro que en medio de las elecciones constituyentes de Chile y del levante colombiano. A través de ellos tenemos que mirar el futuro de LA; futuro que ya comenzó. Para quienes vivimos el sesentismo y pasamos por el camino de triunfos y derrotas, algunas de las cuales recorrimos en este libro sin dudas estamos frente a un nuevo comienzo. Y para las jóvenes generaciones es bueno enfrentarlo recorriendo este pasado que mal o bien está tocado en este libro.

El camino por delante no es fácil. No hay una avenida ante nosotros. Hay un camino lleno de insurgencias y confrontaciones, de luchas de represión como muestran los muertos de Colombia mientras el pueblo siga padeciendo de este monstruo de sistema que nos domina. La crisis empuja a la lucha, y como en todas las etapas anteriores de ascenso de masas surgen los destacamentos de vanguardia y surge la necesidad de dotarnos de un nuevo programa de transición.

Como decíamos hoy en día las medidas de urgencia, inmediatas, se transforman en transicionales y hay que difundirlas a toda esa vanguardia que está en las calles de LA. Son consignas de agitación propagandista que están colocadas para difundir especialmente con los sectores en lucha.

Sin embargo, solo lo podremos hacer si cumplimos una tarea previa: empalmar con estos sectores levantados, conocer su forma de pensar y ver la realidad, escucharlos atentamente. ¡Nada de ir a “bajar linea”!. ¡Ir también a aprender! A ganarnos su confianza para que de esa manera nosotros aprendamos a escuchar para saber partir de sus luchas, inquietudes y necesidades.

Bueno, para los lectores he repasado esta historia (seguramente incompleta) con el fin de contribuir a esa tan necesaria formación de los futuros dirigentes, es decir de los “maquinistas”.

Para finalizar: hemos perdido uno, Tito Prado, militante histórico del trotskismo peruano. Su muerte ocurre cuando Pedro Castillo ha ganado las elecciones. E aquí el análisis y el homenaje.

El triunfo de Castillo, la izquierda y Tito Prado

El título parecería extraño, y lo es, para quien no conoce la historia del trotskismo peruano y a Tito. Por ello, no se puede hacer la conexión entre uno y otro sin una explicación. Para quien escribe la vinculación es inmediata. Tito Prado fue un militante trotskista de más de 50 años de lucha en su Perú y ha fallecido hace unos días. Pedro Castillo, un dirigente surgido en la huelga de los maestros del Perú en 2017, acaba de ganar las elecciones peruanas imponiendo una severa derrota al establishment peruano, y a sus mentores entre ellos a Vargas Llosa que llamó a votar por la hija del dictador Fujimory para impedir el avance del comunismo.

Si algo tiene de grande este triunfo es que el pueblo del Perú profundo no cayó en la armadilla de la amenaza de la bandera roja en suelo peruano. Juntó fuerzas y derrotó al neoliberalismo corrupto, forma que adquirió la dominación capitalista en el Perú rico, robado, mejor dicho saqueado históricamente por los imperialistas.

El triunfo del maestro abre un período de expectativas radicales, de esperanza para todos los antiimperialistas y los pueblos latinoamericanos; seguramente habrá en Perú una alta polarización social donde la derecha va a hacer de todo para desestabilizar al gobierno (incluso posiblemente llamando a los cuarteles). Pero el pueblo peruano sabrá responder. Ya ganó las calles y va a ir comprendiendo que el destino del futuro gobierno se juega en estas. La experiencia con el llamado progresismo ya fue hecha cuando Humala subió al poder y se entregó a los grandes capitalistas, entre ellos las multinacionales brasileras. Con Humala se volvió real una frase que repetía Hugo Blanco. “Hay gobernantes que son como violinistas, toman el violín por la izquierda y tocan con la derecha”; así fueron los progresismos entre ellos Ollanta Humala.

De las experiencias se aprende. Los trabajadores, campesinos e indígenas peruanos necesitan no solo de fuerza y consistencia en su lucha sino también de los aportes de dirigentes con experiencia que hayan vivido estos cincuenta años de luchas peruanas e internacionales. Perú tiene una larga historia de luchas que ganaron fuerza después de la revolución cubana y el trotskismo ha estado vinculado a ellas desde la revolución agraria en los valles de la Convención y Lares en el departamento del Cuzco. Fue allí donde Hugo Blanco dirigió al campesinado e hizo la reforma agraria. Se recuperaron las tierras, se echaron a los gamonales (terratenientes) que poseían y mandaban estos valles. Otra gran jornada también protagonizada con peso por el trotskismo fue la construcción del FOCEP (Frente Obrero y Campesino Peruano) al inicio de los ochenta en el que también militaba Hugo Blanco y Tito Prado. Más recientemente en el inicio de siglo, la Marcha de los Cuatro Suyos contra la dictadura de Fujimory.

En esta nueva situación que se vive en Latinoamérica y Perú como parte de ella, los internacionalistas tenemos que apostar en la unión entre la experiencia y las nuevas fuerzas. La historia no se pierde. Nuevos cuadros la continúan, nuevos maquinistas se hacen al calor de la lucha.

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