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Via Blog Comunistas

A 15 días de las protestas del 11 de Julio, Comunistas homenajea a los mártires del 26 y analiza las controversiales manifestaciones.  

Este 26 de Julio se cumplen 68 años del asalto al cuartel Moncada y 15 días de las protestas que estremecieron a Cuba el pasado 11-7.

Ambos sucesos están lejos de ser hechos históricos similares, sin embargo la contrarrevolución los está tratando de manipular. Según la derecha, las protestas del 11 de Julio serían el verdadero día de la rebeldía nacional y no el asalto al cuartel Moncada.

Sin embargo, más allá de las distorsiones y los enfoques ideológicos, lo cierto es que el 11 de Julio quedará como un día histórico. Es preocupante que el Gobierno cubano intente minimizar y criminalizar las protestas de ese día. Puede que sirva precariamente como propaganda política, pero si en realidad nuestros dirigentes creen que las protestas fueron producto exclusivo de la contrarrevolución, entonces no habrán entendido lo que sucedió el 11 de Julio. Esa posible sordera es muy peligrosa para la sociedad cubana. Ignorar que el 11 de Julio quienes salieron a las protestas eran una representación del sector más golpeado económicamente, es estar abocado a enfrentar en unos meses algo similar.

Es cierto que la contrarrevolución jugó un papel propagandístico efectivo; es cierto que Estados Unidos desea que en Cuba caiga el Partido Comunista; es cierto que el bloqueo impacta negativamente, pero la espontaneidad de las masas del 11 de Julio tiene causas mucho más cercanas a la cotidianeidad de la clase trabajadora como es el desabastecimiento, la mala gestión y la desatención a los barrios económicamente vulnerables.  Al Gobierno cubano le costará mucho trabajo subsanar el terrible desabastecimiento que sufre Cuba. Pero la crisis no es solo económica sino también política y esto junto al factor hambre es muy peligroso. 

Es tanta la desconfianza entre el pueblo y la dirección del Partido que las mayorías silenciosas no leen la prensa oficial y la prensa oficial informa solo sobre quienes salieron a defender el Gobierno y sufrieron la violencia.

Tanto la prensa oficial como la privada han manipulado y distorsionado los sucesos del 11 de Julio hasta el punto de dejarlos irreconocibles. De pronto, para unos el 11 de Julio fueron repudiables actos vandálicos y para otros un levantamiento nacional contra la «dictadura». Ambas versiones simplistas anulan la complejidad que resulta de las masas hambreadas. Los hechos del 11 de Julio tuvieron la legitimidad política de la protesta social y tuvieron también condenables actos vandálicos.

Cuba no es una dictadura, pero sí se han violado los derechos de muchos ciudadanos que salieron a manifestarse  Es cierto que se ha manipulado la terrible palabra «desaparecido», pero cientos de detenidos han estado días sin poder comunicarse con sus familiares, desconociéndose su paradero. Es cierto que Cuba es un Estado socialista de derecho, pero en no pocos juicios sumarios se han violado los procesos legales establecidos y aplicado condenas de casi un año por el solo hecho de haber estado en la manifestación. Es cierto que todo ello puede servir para atemorizar y evitar nuevas protestas, pero si vuelve a suceder un 11 de Julio, los manifestantes saldrán cargando la rabia que generaron esas violaciones. Con las coacciones se detiene la protesta, pero se incrementa la separación entre el Gobierno y el pueblo cubano.

Reproducir el discurso de que los miles de manifestantes del 11 de Julio eran contrarrevolucionarios, es entregar a la contrarrevolución una victoria que no tiene. Reproducir el discurso de que las manifestaciones del 11 de Julio fueron preparadas por la contrarrevolución es reconocerle a la derecha una capacidad de organización y movilización que no tiene. Solamente desde un análisis marxista, crítico, se puede comprender lo que sucedió el 11 de Julio. El discurso acrítico solo aísla al Gobierno de la sociedad y afianza la propaganda política contrarrevolucionaria. Es urgente que el Gobierno cubano analice qué ha hecho mal y lo explique públicamente. Las masas están cansadas de oír cómo se culpa de todo al imperialismo yanki. Las mayorías quieren oír al Gobierno haciendo una profunda autocrítica, reconociendo que el 11 de Julio en buena medida es parte de sus errores -un gesto el cual otorgaría una alta dosis de legitimidad política a la dirigencia-; pero la soberbia ciega de la burocracia lo impide. Las mayorías silenciosas cada vez más diferencian a Fidel Castro del actual Gobierno, viendo en el Comandante en Jefe a alguien que hubiera resuelto la crisis económica con el pueblo y no la actual dirigencia del país, a la que ven distante y ajena a sus realidades. Éste es otro preocupante quiebre de la legitimidad política del Gobierno.  

Más allá de las detenciones sucedidas el 11 de Julio y los juicios sumarios posteriores, han comenzado a tomarse otras medidas de represalias administrativas como despidos y sanciones políticas en contra de quienes únicamente participaron en las protestas o siquiera se presume de su participación. Esta situación también ha servido para purgar a los Intelectuales incómodos al discurso oficial, no importa que sean marxistas. Ya no basta con criticar dentro de lo establecido sino que solamente se puede criticar cuando se autoriza y sobre lo que se autoriza. Apoyados en el fantasma del 11 de Julio, los oportunistas darán rienda suelta a las purgas y la antropofagia política. Si algo sale dañado será el ideal socialista al que una parte de la clase trabajadora lo seguirá relacionando cada vez más, con la censura y la represión. Pero recordemos siempre que el estalinismo y sus versiones no son más que deformaciones contrarrevolucionarias del ideal comunista.

Buena parte de la violencia sufrida el 11 de Julio se hubiera evitado si el Gobierno cubano legalizara el derecho a la manifestación pacífica. El llamado del presidente cubano Miguel Díaz Canel sirvió para movilizar a cientos de comunistas, pero también ha sido ampliamente rechazado. Es que, no pocos de quienes salieron a defender el Gobierno lo entendieron literalmente como una «orden de combate». Decenas de ellos portaban palos evidentemente preparados con anterioridad para situaciones similares. Todos estaban confeccionados con el mismo color, el mismo tamaño y el mismo diseño. Para reprimir a los violentos está la policía y órganos similares.

Para reprimir no se confeccionan palos y se entregan a civiles quienes se saben protegidos por la ley, aún y ejerzan la violencia fuera de toda legalidad. 

Que sobre quienes realizaron actos vandálicos, o peor aún, intentaron asesinar, caiga todo el peso de la ley. Pero no sobre quienes ejercían el derecho a la protesta, el cual no está legislado en Cuba pero es legítimo. 

¡Abajo la contrarrevolución!
¡Viva la clase trabajadora!
¡Viva la Libertad!
¡Viva el 26 de Julio!
¡Patria o muerte!
¡Hacia el Comunismo!

¡Que la marcha del 26 de Julio guíe nuestra lucha!

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