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Via Liberation School

Amílcar Lopes da Costa Cabral nació el 12 de septiembre de 1924 en Bafatá, Guinea-Bissau, una de las colonias africanas de Portugal. El 20 de enero de 1973 -hoy hace 48 años- Cabral fue asesinado por sicarios fascistas portugueses pocos meses antes de que el movimiento de liberación nacional en el que desempeñó un papel fundamental consiguiera la independencia de Guinea-Bissau.

Esta lucha en particular se llevó a cabo para la liberación no sólo de un país -Guinea-Bissau, donde tuvieron lugar los combates- sino también de otra región geográficamente separada, el archipiélago de Cabo Verde. Cabral y los demás líderes del movimiento comprendieron que estaban luchando en el marco de una lucha anticolonial más amplia y de una guerra de clases global y, como tal, que sus enemigos inmediatos no eran sólo los gobiernos coloniales de determinados países, sino el colonialismo portugués en general. Durante 500 años, el colonialismo portugués se basó en la trata de esclavos y el saqueo sistemático de sus colonias africanas: Mozambique, Guinea Bissau, Santo Tomé y Príncipe, Angola y Cabo Verde.

A pesar de que la atención mundial se centraba entonces en la lucha en Vietnam, el inspirador dinamismo de la campaña llevada a cabo en Guinea Bissau -junto con la figura de Cabral- captó la atención internacional. En la introducción a una de las primeras recopilaciones de los escritos y discursos de Cabral, Basil Davidson (1979) describe a Cabral como alguien que expresaba un genuino «interés duradero por todos y todo lo que se cruzaba en su camino» (x).

Como tantos otros líderes revolucionarios, Cabral era «amado y seguido» porque «tenía un gran corazón» y «se dedicaba al progreso de su pueblo» (xi). Debido a su liderazgo y brillantez, «los gobiernos le pidieron consejo» y «las Naciones Unidas le dieron su plataforma». Por muy merecido que fuera, Cabral nunca se entregó a estos elogios, y en su lugar se centró únicamente en su compromiso con la liberación y la autodeterminación de la clase trabajadora y los oprimidos del mundo.

La colonización portuguesa de Guinea-Bissau contó con el apoyo de España, Sudáfrica, Estados Unidos y la OTAN. Resumiendo el poder imperialista conjunto ejercido por Portugal en un informe sobre el estado de su lucha Cabral (1968a) elabora:

«En los campos básicos de la economía, las finanzas y las armas, que determinan y condicionan el comportamiento político y moral real de los estados, el gobierno portugués puede contar más que nunca con la ayuda efectiva de los aliados de la OTAN y otros. Cualquiera que conozca las relaciones entre Portugal y sus aliados, es decir, Estados Unidos, Alemania Federal y otras potencias occidentales, puede comprobar que esta ayuda (económica, financiera y en material bélico) aumenta constantemente, bajo las más diversas formas, abiertas y encubiertas. Jugando hábilmente con las contingencias de la guerra fría, en particular con la importancia estratégica de su propia posición geográfica y la de las islas Azores, concediendo bases militares a los EE.UU. y a la Alemania Federal, enarbolando la falsa bandera de la defensa de la civilización occidental y cristiana en África, y sometiendo aún más los recursos naturales de las colonias y la propia economía portuguesa a los grandes monopolios financieros, el gobierno portugués ha conseguido garantizar durante todo el tiempo que sea necesario la ayuda que recibe de las potencias occidentales y de sus aliados racistas en el sur de África.»

A pesar del inmenso poder de sus enemigos, la lucha llevada a cabo por la relativamente pequeña población de Guinea-Bissau prevaleció, permaneciendo como un faro de inspiración hasta el día de hoy.

Como resultado de su papel como líder del movimiento de liberación nacional durante unos 15 años, Cabral se convirtió en un teórico ampliamente influyente de la descolonización y la reafricanización no determinista y aplicada de forma creativa. El mundialmente conocido educador crítico Paulo Freire (2020), en una presentación de 1985 sobre sus experiencias en la liberada Guinea-Bissau como una especie de consultor militante, concluye que Cabral, junto con el Che Guevara, representan «dos de las mayores expresiones del siglo XX» (171). Freire describe a Cabral como «un muy buen marxista, que realizó una lectura africana de Marx» (178). Cabral, para Freire, «vivió plenamente la subjetividad de la lucha. Por eso, teorizó» mientras dirigía (179).

Aunque no se reconozca plenamente en el ámbito de la educación, la teoría y la práctica decolonial de Cabral también agudizó e influyó en la trayectoria del pensamiento de Freire (1921-1997). A través del proceso revolucionario liderado por Cabral, Guinea-Bissau se convirtió en líder mundial en formas descoloniales de educación, lo que conmovió profundamente a Freire.

Es decir, debido al villano proceso del colonialismo portugués, que incluyó siglos de desafricanización, la reafricanización, a través de formas descoloniales de educación, fue una característica central de la lucha anticolonial por la autodeterminación.

La unidad dialéctica de Cabral, la construcción del Partido y el «Arma de la Teoría»

Cabral abordó el mundo de forma dialéctica. Como teoría del cambio, la dialéctica ha estado en el centro del pensamiento revolucionario desde Marx y Engels. Cabral la utilizó con precisión. Al comprender dialécticamente cómo las fuerzas sociales que compiten entre sí y que impulsan el desarrollo histórico están a menudo ocultas o desconcertadas, Cabral se destacó al descubrirlas y, en el proceso, movilizó con éxito a las masas que servían de palanca para el cambio.

Cabral sabía que el pueblo no sólo debe comprender de forma abstracta la interacción de las fuerzas que impulsan el desarrollo de la sociedad, sino que debe forjar una práctica anticolonialista que se vea concreta, colectiva y creativamente como una de esas fuerzas. Para ello, sin embargo, las masas debían estar organizadas y representadas por un Partido.

En 1956, Cabral ayudó a fundar el Partido Africano para la Independencia (PAI), que posteriormente se convirtió en el Partido Africano para la Independencia de Guinea y Cabo Verde (PAIGC). El PAIGC fue el primer partido comunista de Guinea-Bissau y Cabo Verde, y su fundación fue una hazaña monumental e inspiradora.

En El arma de la teoría, un discurso pronunciado en 1966 en La Habana, Cabral articuló la inseparabilidad de la liberación nacional y el socialismo, diciendo a los asistentes que «en nuestra actual situación histórica -eliminación del imperialismo que utiliza todos los medios para perpetuar su dominación sobre nuestros pueblos, y consolidación del socialismo en gran parte del mundo- sólo hay dos caminos posibles para una nación independiente: volver a la dominación imperialista (neocolonialismo, capitalismo, capitalismo de Estado), o tomar el camino del socialismo».

Cabral tuvo que construir el partido y su indispensable cultura de disciplina militante desde la base. La capacidad de Cabral de encontrarse con los nuevos miembros del partido en el punto en el que se encontraban como co-aprendices habla de su papel como pedagogo de la revolución. En una serie de nueve conferencias impartidas a los miembros del PAIGC en 1969, Cabral (1979) cubre los aspectos básicos de la revolución, incluida su organización. Describe al PAIGC como un partido en la tradición leninista al referirse a él como «un instrumento de lucha» compuesto por aquellos que «comparten una idea determinada, un objetivo determinado, en un camino determinado» (85).

Por supuesto, las crisis revolucionarias no surgen sólo de la corrección de las ideas, sino que son impulsadas por el deterioro de las condiciones económicas y la crisis de la legitimidad del Estado y de su capacidad para satisfacer las necesidades del pueblo. En los años 40 hubo varias sequías que dejaron decenas de miles de muertos en Cabo Verde. La barbarie y la respuesta indiferente de Portugal, situadas en el contexto de la creciente pobreza y el sufrimiento en sus colonias africanas, empezaron a alienar incluso a los estratos más privilegiados del Estado colonial.

Lo que hizo de Cabral uno de los grandes líderes comunistas de la historia, al margen del momento histórico más amplio que dio salida a su talento, fue su flexibilidad táctica teóricamente informada, esencial para un equilibrio de fuerzas en constante cambio. En otras palabras, la toma de decisiones en medio de la lucha se ve reforzada por la teoría y la organización, que permiten comprender rápidamente las implicaciones inmediatas y a largo plazo del cambiante cálculo del poder.

Por ejemplo, en 1957, en París, Cabral y dos angoleños formaron el Movimento Anti-Colonista de africanos de las colonias portuguesas durante la guerra de Argelia. Los tres, en Angola, pasarían a formar el Movimiento Popular de Liberación de Angola. Lo que se desarrolló fue una de las luchas anticoloniales más duras de África.

Es lógico que en su discurso de apertura en la primera de las nueve presentaciones de 1969 a los miembros del partido, Cabral eligiera como lugar de partida una explicación del «lema» o «tema» del PAIGC, la frase «unidad y lucha» (28). Definiendo el concepto de unidad de forma dialéctica, Cabral insiste en que «cualesquiera que sean las diferencias existentes» en el seno del pueblo, «debemos ser uno, un todo, para alcanzar un objetivo determinado. Esto significa que en nuestro principio, la unidad se toma en un sentido dinámico, en movimiento» (28-29).

La idea de que la unidad es un movimiento y un proceso de composición significa que es «un medio, no un fin». Podemos haber luchado un poco por la unidad, pero si la logramos, eso no significa que la lucha haya terminado» (31). El papel del Partido aquí «no es necesario para unir a toda la población para luchar en un país. ¿Estamos seguros de que toda la población está unida? No, basta con un cierto grado de unidad. Una vez que la hayamos alcanzado, entonces podremos luchar» (31).

Para explicar la lucha, Cabral la compara con la tensión entre la fuerza centrífuga y la gravedad. Como ejemplo concreto, Cabral señala que para que una nave espacial salga de la Tierra debe superar la fuerza de la gravedad. Cabral caracteriza entonces el colonialismo portugués como una fuerza externa impuesta al pueblo y sólo a través de la fuerza combinada del pueblo unido se puede vencer la fuerza del colonialismo.

En el discurso, Cabral teorizó la naturaleza dialéctica del movimiento y del cambio, centrándose específicamente en cómo la lucha antiimperialista debe surgir de las condiciones concretas de cada movimiento de liberación nacional.

«Sabemos que el desarrollo de un fenómeno en movimiento, cualquiera que sea su apariencia externa, depende principalmente de sus características internas. Sabemos también que en el plano político nuestra propia realidad -por muy fina y atractiva que sea la de los demás- sólo puede ser transformada por el conocimiento detallado de la misma, por nuestros propios esfuerzos, por nuestros propios sacrificios. Es útil recordar en esta reunión tricontinental, tan rica en experiencias y ejemplos, que por más grande que sea la similitud entre nuestros diversos casos y por más idénticos que sean nuestros enemigos, la liberación nacional y la revolución social no son mercancías exportables; son, y cada día más, el resultado de una elaboración local y nacional, más o menos influenciada por factores externos (sean favorables o desfavorables), pero esencialmente determinada y formada por la realidad histórica de cada pueblo, y llevada al éxito por la superación o correcta solución de las contradicciones internas entre las diversas categorías que caracterizan esa realidad.»

Cabral sabía que para derrotar al colonialismo portugués en Guinea-Bissau, la lucha de liberación no podía limitarse a reproducir las tácticas de las luchas de otros contextos, como Cuba. Más bien, cada lucha particular tiene que basar sus tácticas en un análisis de las especificidades de su propio contexto. Por ejemplo, aunque reconoce el valor de los principios generales que Guevara esbozó en su Guerra de Guerrillas, Cabral (1968b) comentó que «nadie comete el error, en general, de aplicar ciegamente la experiencia de otros a su propio país. Para determinar la táctica de lucha en nuestro país, debíamos tener en cuenta las condiciones geográficas, históricas, económicas y sociales de nuestro propio país, tanto en Guinea como en Cabo [Verde]».

Respondiendo al argumento de Guevara, basado en la experiencia de Cuba, de que las luchas revolucionarias pasan por tres fases o etapas predeterminadas, Cabral afirmó.

«En general, tenemos ciertas reservas sobre la sistematización de los fenómenos. En la realidad, los fenómenos no siempre se desarrollan en la práctica según los esquemas establecidos. Admiramos mucho el esquema establecido por el Che Guevara esencialmente a partir de la lucha del pueblo cubano y de otras experiencias, y estamos convencidos de que un análisis profundo de ese esquema puede tener cierta aplicación a nuestra lucha. Sin embargo, no estamos completamente seguros de que, de hecho, el esquema sea absolutamente adaptable a nuestras condiciones.»

La evaluación de Cabral también se basaba en la idea dialéctica de que las condiciones de cualquier país no se desarrollan en el vacío, sin ser afectadas por fuerzas externas. El deterioro de las condiciones en Portugal, la madre patria imperial, no sólo estaba cambiando la balanza de fuerzas a favor de los movimientos de liberación nacional en sus colonias africanas, sino que el surgimiento de estas luchas coincidió con el éxito de la revolución en China en 1949.

Consciente de esta totalidad dialéctica más amplia, que señala la interconexión entre partes aparentemente separadas y no relacionadas, Cabral fomentó conscientemente la solidaridad con la clase obrera de Portugal. En representación de los pueblos indígenas colonizados de Guinea-Bissau, Cabral consiguió tender la mano a los oprimidos de Portugal en solidaridad con su enemigo de clase común, la fascista clase capitalista/colonialista portuguesa.

Con la teoría dialéctica y el espíritu de unidad anticolonialista y anticapitalista, las fuerzas revolucionarias de Guinea-Bissau liberaron sistemáticamente a los prisioneros de guerra portugueses. Cabral (1968c) aprovechó estas ocasiones para hacer declaraciones públicas destinadas a educar y ganarse a la clase obrera perseguida de Portugal para cambiar la balanza de poder en detrimento del estado fascista portugués.

Cabral se dirigió directamente a los 20.000 reclutas portugueses instándoles a considerar sus intereses de clase por encima del chovinismo nacional que su clase dirigente les alimentaba.

«En el marco de nuestra lucha por la independencia nacional, la paz y el progreso de nuestro pueblo en Guinea y en las islas de Cabo Verde, la liberación de los soldados portugueses capturados por nuestras fuerzas armadas era necesaria y previsible. Este gesto humanitario, cuyo significado político no se le escapa a nadie, es el corolario de un principio fundamental de nuestro partido y de nuestra lucha. No luchamos contra el pueblo portugués, contra individuos o familias portuguesas. Sin confundir nunca al pueblo portugués con el colonialismo, hemos tenido que tomar las armas para borrar de nuestra patria la vergonzosa dominación del colonialismo portugués.»

En el centro de este mensaje, Cabral (1968c) ofrecía reflexiones sobre el terrible trato que recibían no sólo los prisioneros de guerra en Guinea-Bissau y Cabo Verde, sino también la población civil:

«Los miembros de nuestras fuerzas armadas capturados por las tropas coloniales son generalmente ejecutados de forma sumaria. Otros son torturados y obligados a hacer declaraciones que las autoridades coloniales utilizan en su propaganda. En su vano pero criminal intento de genocidio, los colonialistas portugueses llevan a cabo diariamente actos de terrorismo contra los pacíficos habitantes de nuestras zonas liberadas, especialmente contra las mujeres, los niños y los ancianos; bombardean y ametrallan a nuestro pueblo, reduciendo nuestras aldeas a cenizas y destruyendo nuestras cosechas, utilizando bombas de todo tipo, y en particular bombas de fragmentación, napalm y bombas de fósforo blanco.»

La liberación de los portugueses estaba relacionada con la liberación de las colonias africanas de Portugal. Si la clase dominante portuguesa empezaba a perder el control en África, podía caer también en Portugal, y si caía en Portugal, caería en África.

Más que una posición teórica elaborada de forma abstracta y aislada, se formuló de forma práctica. Tuvo resultados graves y determinantes. Los oficiales portugueses rechazaron las órdenes de luchar en África, y algunos formaron un Movimiento de Fuerzas Armadas que apoyaba las demandas de independencia.

Los soldados portugueses lideraron una rebelión contra el fascismo en casa, que puso fin a más de 40 años de gobierno fascista. Abrió la puerta a un levantamiento popular que estuvo a punto de reclamar el poder para los trabajadores portugueses. Estas convulsiones sociales en el centro imperial facilitaron a su vez la independencia de las colonias africanas de Portugal.

Desafricanización y resistencia anticolonial

La pequeña región de África occidental que los portugueses reclamarían como Guinea-Bissau contenía más de una docena de grupos étnicos distintos. Los esclavistas trabajaron incansablemente para coser divisiones entre ellos. Estas divisiones permitieron a los esclavistas reclutar a un grupo para facilitar la esclavización de otros. Esta división antiafricana sentaría las bases de siglos de desafricanización.

Al describir el papel de la educación colonial en esta violencia epistémica, Walter Rodney (1972/2018), en su texto clásico, Cómo Europa subdesarrolló África, explica que «los portugueses… siempre habían mostrado desprecio por la lengua y la religión africanas» (304). Mientras que se establecieron escuelas secundarias para los colonos, la educación más allá de dos o tres años de escuela elemental para los africanos era rara. En consecuencia:

«Las escuelas de nivel preescolar y primario para los africanos en las colonias portuguesas no eran más que agencias para la difusión de la lengua portuguesa… [L]a poca educación que se daba a los africanos se basaba en la eliminación del uso de las lenguas locales». (304)

La devastación de tales prácticas refleja los informes de que los colonos europeos con posesiones coloniales africanas más pequeñas, como Portugal, se encontraban entre los más desesperados y, por lo tanto, más crueles en sus esfuerzos por mantener sus ocupaciones. En consecuencia, la resistencia indígena al colonialismo portugués estuvo tan extendida durante tantos siglos que el dominio colonial se limitó siempre a regiones específicas. En otras palabras, las fuerzas coloniales nunca fueron capaces de conquistar completamente lo que equivale al poder estatal de la indigeneidad.

Por lo tanto, no es de extrañar que los portugueses no pudieran basarse únicamente en la violencia estatal para el control social, sino que necesitaron también una intensa manipulación ideológica. El intento de erradicar las lenguas y culturas indígenas fue crucial. Con estos fines, las autoridades coloniales propagaron un discurso hipócrita que afirmaba que sus colonias eran parte integrante de la metrópoli o del continente, al tiempo que las explotaban brutalmente.

El Portugal fascista y la lucha

La brutalidad con la que la clase dominante portuguesa gestionaba sus colonias africanas acabaría dirigiéndose a su propia clase trabajadora con un giro fascista en 1926. Rodney (1972/2018) explica que «cuando la dictadura fascista se inauguró en Portugal en 1926, se inspiró en el pasado colonial de Portugal» (244).

La decadencia del capitalismo portugués que dio paso al fascismo portugués no haría más que deteriorarse con la crisis capitalista mundial de los años treinta. En consecuencia, la desesperación de la clase capitalista portuguesa se intensificó. Por ejemplo, cuando Salazar se convirtió en dictador de Portugal en 1932, declaró que el «nuevo» Estado portugués se construiría a partir de la explotación de los «pueblos inferiores» (citado en Rodney, 244).

Mientras que la clase dominante francesa había pasado al neocolonialismo en 1960, la decadencia de Portugal la había convertido en un país muy atrasado y feudal. Por desesperación, Portugal se hizo aún más dependiente de la explotación despiadada de los pueblos no sólo en sus posesiones coloniales, sino dentro de su propio territorio nacional.

Por ello, los líderes fascistas portugueses, empleando formas de control social cada vez más violentas, rechazaron las demandas africanas de autodeterminación. En respuesta a la creciente ola de movimientos de liberación nacional en sus colonias africanas, el establishment portugués envió fuerzas armadas para reprimir la lucha. En lugar de acobardarse ante el fascismo portugués y el deterioro general de las condiciones, los movimientos de liberación nacional crecieron y se extendieron.

Relaciones con China

Tras la creación del PAIGC, Cabral se instaló en la capital de Guinea, Conakry. Cabral se puso inmediatamente en contacto con la embajada china en Guinea en 1960.

Desde la aparición de la República Popular China (RPC) en 1949, China había establecido un claro compromiso con los movimientos anticoloniales en África. Por ejemplo, en 1955, en la Conferencia de Bandung, en la que participaron 29 países africanos, China estableció unos principios de política exterior basados en el apoyo al derecho de autodeterminación de las naciones oprimidas. En 1957, China organizó la Conferencia de Solidaridad Afroasiática y en 1960 fundó la Asociación de Amistad de los Pueblos Chino-Africanos, en la que Cabral participó con entusiasmo.

Cabral y otros dirigentes del PAIGC se convirtieron en invitados habituales de la embajada china en Conakry. En 1960, el PAIGC recibió una invitación del Comité Chino de Solidaridad Afroasiática para visitar China. También se invitó a una delegación del Movimiento Popular para la Liberación de Angola (MPLA). Durante esta visita, China acordó utilizar sus academias militares para entrenar a combatientes tanto del PAIGC como del MPLA.

El entrenamiento incluía instrucción en guerra de guerrillas, la historia de la revolución china y la revolución agraria, y la teoría socialista. El primer grupo entrenado en China serviría como núcleo embrionario de cuadros de combate del PAIGC.

Como resultado del liderazgo y la diplomacia de Cabral, China se convertiría en uno de los primeros apoyos de Guinea-Bissau en la primera etapa de su lucha por la independencia. China proporcionó al PAIGC una gran diversidad de apoyos, desde armamento hasta ayuda en la difusión de mensajes radiofónicos que denunciaban los habituales y horribles crímenes de los militares portugueses en Guinea-Bissau. Con el apoyo de China por un lado, y la brutalidad portuguesa por otro, la lucha anticolonial se intensificó entre 1963 y 1974.

Anticolonialismo y descolonialidad

Una parte importante de la realización del movimiento de liberación nacional implicaba saber en torno a qué temas organizarse.

Basándose en su profundo conocimiento de la singularidad de la situación agrícola de su país, Cabral sabía que el principal problema económico al que se enfrentaba la mayoría de la población campesina no era el acceso a la tierra, como ocurría en otras colonias. Se trataba más bien de acuerdos comerciales insostenibles que eran especialmente devastadores dada la insistencia colonial en no cultivar para el sustento sino para la exportación mediante la producción de monocultivos.

La exigencia de derechos culturales y políticos frente al colonialismo fascista portugués fue otra de las reivindicaciones que más resonaron.

Cabral se centró en los avances políticos necesarios para construir un movimiento unido de liberación nacional. En sus formulaciones, sostenía que la lucha armada estaba íntimamente interconectada con la lucha política, que eran ambas parte de una lucha cultural más amplia.

Las formulaciones marxistas de Cabral sobre la cultura eran importantes para la lucha más amplia y para resistir la educación colonial. Reconoció que los fascistas y los imperialistas eran muy conscientes «del valor de la cultura como factor de resistencia a la dominación extranjera», lo que proporcionó un marco para entender que la subyugación sólo puede mantenerse «mediante la represión permanente y organizada de la vida cultural del pueblo» (1979, 139).

La resistencia, para Cabral, es también una expresión cultural. Esto significa que «mientras una parte de ese pueblo pueda tener una vida cultural, la dominación extranjera no puede estar segura de su perpetuación». En esta situación, entonces, «en un momento dado, dependiendo de factores internos y externos… la resistencia cultural… puede adoptar nuevas formas (políticas, económicas y armadas), para… disputar la dominación extranjera» (140). En la práctica, las culturas indígenas aún vivas que protagonizaron siglos de resistencia anticolonial se fusionarían orgánicamente con los movimientos políticos y de liberación nacional y socialistas, y surgirían de ellos.

En la práctica, Cabral promovió el desarrollo de la vida cultural de los pueblos. En una directiva dirigida a los cuadros del PAIGC en 1965, Cabral animó no sólo a intensificar el esfuerzo militar contra los portugueses, sino a intensificar el esfuerzo educativo en las zonas liberadas de Guinea-Bissau. Una vez más, mientras que el movimiento de liberación nacional/anticolonial y el proceso educativo de descolonización del conocimiento se plantean a menudo falsamente como distintos o incluso antagónicos, Cabral los conceptualizó como dialécticamente interrelacionados:

«Crear escuelas y difundir la educación en todas las zonas liberadas. Seleccionar a los jóvenes de entre 14 y 20 años, los que hayan cursado al menos el cuarto año, para su formación. Oponerse sin violencia a todas las costumbres perjudiciales, a los aspectos negativos de las creencias y tradiciones de nuestro pueblo. Obligar a todo miembro responsable y educado de nuestro Partido a trabajar diariamente para mejorar su formación cultural.»

Una parte central del desarrollo de esta conciencia revolucionaria fue el proceso de reafricanización. No se trataba de un llamamiento a volver al pasado, sino de una forma de reclamar la autodeterminación y construir un nuevo futuro en el país.

«Oponerse entre los jóvenes, especialmente los mayores de 20 años, a la manía de salir del país para estudiar en otro lugar, a la ambición ciega de adquirir un título, al complejo de inferioridad y a la idea equivocada que lleva a creer que los que estudian o hacen cursos se convertirán así en privilegiados de nuestro país el día de mañana».

Al mismo tiempo, Cabral se oponía a fomentar la mala voluntad hacia quienes habían estudiado o deseaban estudiar en el extranjero. Por el contrario, Cabral alentó una pedagogía de la paciencia y la comprensión como el enfoque correcto para ganar a la gente y fortalecer el movimiento.

Esta es una de las razones por las que Freire (1978) describe a Cabral como uno de esos «líderes siempre con el pueblo, enseñando y aprendiendo mutuamente en la lucha de liberación» (18). Como pedagogo de la revolución, para Freire, la «preocupación constante» de Cabral fue la «paciente impaciencia con que se entregó invariablemente a la formación política e ideológica de los militantes» (19).

Este compromiso con el desarrollo cultural del pueblo como parte de la lucha por la liberación informó su trabajo educativo en las zonas liberadas. Freire escribe que también influyó en «la ternura que mostraba cuando, antes de ir al combate, visitaba a los niños en las escuelitas, compartiendo sus juegos y teniendo siempre la palabra justa para decirles. Los llamaba «las flores de nuestra revolución»». (19).

La victoria antes de la victoria

Aunque Cabral fue asesinado antes de la victoria, el destino final del colonialismo portugués ya estaba sellado años antes de su muerte, y él lo sabía. Por ejemplo, en un comunicado publicado el 8 de enero de 1973, apenas 12 días antes de ser asesinado, Cabral (1979) concluye que la situación en Guinea-Bissau «desde 1968… es comparable a la de un Estado independiente» (277). Cabral informa de que, tras la visita de decenas de observadores internacionales a Guinea-Bissau, incluida una Misión Especial de las Naciones Unidas, la legitimidad internacional de su lucha dirigida por el PAIGC era cada vez mayor. Se había convertido en algo irrefutable:

«vastas zonas han sido liberadas del yugo colonial y en ellas se desarrolla una nueva vida política, administrativa, económica, social y cultural, mientras las fuerzas patrióticas, apoyadas por la población, luchan con éxito contra los colonialistas para completar la liberación del país.» (277)

Con este conocimiento, Cabral denuncia de nuevo «la criminal obstinación del Gobierno de Lisboa, que intensifica su guerra colonial genocida contra los legítimos derechos de nuestro pueblo a la autodeterminación, la independencia y el progreso» (277). Al defender la formación de un nuevo Estado reconocido internacionalmente, Cabral argumenta que el pueblo de Guinea-Bissau, a través del liderazgo del PAIGC, ya estaba funcionando como tal:

«Si bien nuestro pueblo dispone desde hace años de instituciones políticas, administrativas, judiciales, militares, sociales y culturales -por tanto, de un Estado- y es libre y soberano en más de dos tercios del territorio nacional, no tiene personalidad jurídica a nivel internacional. Además el funcionamiento de tales instituciones en el marco de la nueva vida que se desarrolla en las zonas liberadas exige una más amplia participación del pueblo, a través de sus representantes, no sólo en el estudio y solución de los problemas del país y de la lucha, sino también en el control efectivo de las actividades del Partido que las dirige» (278)

Para empezar a resolver esta contradicción, en 1971 el Partido votó la celebración de elecciones generales en las zonas liberadas «para la constitución de la primera Asamblea Nacional Popular» en Guinea-Bissau. Tras ocho meses de debate, discusión y divulgación, las elecciones se celebraron con éxito en 1972 en todas las zonas liberadas.

Varios meses después de las elecciones, Cabral (1979) emitió otra declaración en la que se refería a la creación de la Asamblea Nacional Popular como «una victoria que marca una época para la difícil pero gloriosa lucha de nuestro pueblo por la independencia» (288). Subrayando que se trataba de un logro colectivo de unidad y lucha, Cabral ofreció sus «más calurosas felicitaciones a nuestro pueblo» (289).

Recordó que «una asamblea nacional, como cualquier órgano de cualquier cuerpo vivo, debe ser capaz de funcionar para justificar su existencia. Por eso, tenemos una tarea mayor que cumplir en el marco de nuestra lucha» (289).

Cabral anunció entonces que el PAIGC convocaría su primera Asamblea Nacional para formalizar su constitución, proclamando así al mundo que existen y que están «irrevocablemente decididos a marchar hacia la independencia sin esperar el consentimiento de los colonos portugueses» (289).

Sí, Cabral fue asesinado antes de la expulsión final del colonialismo portugués, pero, en un sentido muy real, todavía marcó el comienzo de un nuevo estado independiente.

La educación decolonial de Freire y Cabral en una Guinea-Bissau liberada

Como pedagogo de la revolución, Basil Davidson (1979) se refiere a Cabral como «un educador supremo en el más amplio sentido de la palabra» (x).

La importancia de la educación fue elevada a nuevas cotas por Cabral y los dirigentes del PAIGC en cada oportunidad. Por lo tanto, tenía sentido que la Comisión de Educación de la recién liberada Guinea-Bissau invitara al principal experto mundial en enfoques descoloniales de la educación, Paulo Freire, a participar en el desarrollo de su sistema educativo.

Freire formaba parte de un equipo del Instituto de Acción Cultural del Departamento de Educación del Consejo Mundial de Iglesias. Su tarea era ayudar a desarraigar el residuo colonial que quedaba como resultado de generaciones de educación colonial diseñada para desafricanizar al pueblo. Al igual que el modelo capitalista de educación tendrá que ser reemplazado o severamente rehecho, el modelo colonial de educación tuvo que ser desmantelado y reconstruido de nuevo.

«La educación colonial heredada tenía como uno de sus principales objetivos la desafricanización de los nacionales. Era discriminatoria, mediocre y basada en el verbalismo. No podía contribuir en nada a la reconstrucción nacional porque no estaba constituida para ello» (Freire 1978, 13).

El modelo colonial de educación fue diseñado para fomentar el sentimiento de inferioridad en los jóvenes. La educación colonial con resultados predeterminados busca dominar a los alumnos tratándolos como si fueran objetos pasivos. Parte de este proceso consistía en negar la historia, la cultura y las lenguas del pueblo. De la manera más cínica y perversa entonces la escolarización colonial enviaba el mensaje de que la historia de los colonizados realmente sólo comenzaba «con la presencia civilizadora de los colonizadores» (14).

Para preparar su visita, Freire y su equipo estudiaron las obras de Cabral y aprendieron todo lo posible sobre el contexto. Reflexionando sobre algo de lo que había aprendido de Cabral, a pesar de no haberlo conocido, Freire (2020) ofrece lo siguiente:

«En Cabral aprendí muchas cosas… [P]ero aprendí una cosa que es necesaria para el educador progresista y para el educador revolucionario. Hago una distinción entre ambos: Para mí, un educador progresista es aquel que trabaja dentro de la sociedad clasista burguesa como la nuestra, y cuyo sueño va más allá de mejorar la escuela, que es necesario hacerlo. Y va más allá porque lo que sueña es la transformación radical de una sociedad clasista burguesa en una sociedad socialista. Para mí esto es un educador progresista. Mientras que un educador revolucionario, en mi opinión, es aquel que ya se encuentra situado en un nivel mucho más avanzado tanto social como históricamente dentro de una sociedad en proceso» (170).

Para Freire, Cabral era ciertamente un educador revolucionario avanzado. Rechazando la predeterminación y el dogmatismo, el equipo de Freire no construyó planes o programas de enseñanza antes de llegar a Guinea-Bissau para imponerlos al pueblo.

Al llegar, Freire y sus colegas continuaron escuchando y discutiendo el aprendizaje del pueblo. Sólo conociendo la labor educativa del gobierno revolucionario pudieron evaluarla y hacer recomendaciones. La orientación descolonial, es decir, no puede ofrecerse fuera de la realidad concreta del pueblo y de su lucha. Ese conocimiento no puede ser conocido ni construido sin la participación activa de los educandos como colectivo.

Freire (1978) era consciente de que la educación que se estaba creando no podía hacerse «mecánicamente», sino que debía estar informada por «el proyecto de la sociedad que se iba a crear» (14). Aunque Cabral había sido asesinado, sus escritos y su liderazgo habían contribuido a la creación de una fuerza con la claridad política necesaria para contrarrestar la resistencia que surgía de los que todavía eran portadores de la vieja ideología.

A lo largo de su proceso, los líderes revolucionarios se encontrarían con profesores «capturados» por la vieja ideología que trabajaban conscientemente para socavar la nueva práctica descolonial. Otros, sin embargo, también conscientes de estar capturados por la vieja ideología, se esfuerzan, no obstante, por liberarse de ella. El trabajo de Cabral sobre la necesidad de que la clase media, incluidos los maestros, cometa un suicidio de clase, es instructivo. La clase media tenía dos opciones: traicionar la revolución o cometer un suicidio de clase. Esta opción sigue siendo válida hoy en día, incluso en Estados Unidos.

El trabajo para reconstituir el sistema educativo ya se había iniciado durante la guerra en las zonas liberadas. El reto posterior a la independencia era mejorar todo lo que se había logrado en las zonas liberadas antes del fin de la guerra. En esas zonas liberadas, concluye Freire (1978), los trabajadores, organizados a través del Partido, «tomaron en sus manos la cuestión de la educación» y crearon «una escuela de trabajo, estrechamente vinculada a la producción y dedicada a la educación política».

Al describir la educación en las zonas liberadas, Freire dice que «no sólo expresaba el clima de solidaridad inducido por la propia lucha, sino que lo profundizaba. Encarnando la dramática presencia de la guerra, buscaba el auténtico pasado del pueblo y se ofrecía para su presente» (17).

Después de la guerra, el gobierno revolucionario optó por no cerrar simplemente las escuelas coloniales que quedaban mientras se creaba un nuevo sistema. Por el contrario, «introdujeron… algunas reformas fundamentales capaces de acelerar… la transformación radical» (20). Por ejemplo, se sustituyeron los planes de estudio saturados de ideología colonialista. Así, los estudiantes ya no aprenderían la historia desde la perspectiva de los colonizadores. La historia de la lucha de liberación contada por los antiguos colonizados fue una adición fundamental.

Sin embargo, una educación revolucionaria no se contenta con sustituir los contenidos para que sean consumidos pasivamente. Por el contrario, los alumnos deben tener la oportunidad de reflexionar críticamente sobre su propio proceso de pensamiento en relación con las nuevas ideas. Para Freire, éste es el camino por el que los objetos pasivos del adoctrinamiento colonial comienzan a convertirse en sujetos activos de la descolonialidad.

La evaluación aquí no podía ser más significativa. Lo que estaba potencialmente en juego era el éxito de la revolución y la vida de millones de personas. Esta es una lección relevante para todos los revolucionarios que deben evaluar continuamente su trabajo, esforzándose siempre por mejorar. De este modo, Freire tenía claro que no debían expresar «euforia incontenida ante el buen trabajo ni negatividad ante… los errores» (27).

A partir de su evaluación, Freire y su equipo buscaron «ver lo que realmente estaba sucediendo en las limitadas condiciones materiales que sabíamos que existían». El objetivo claro era, por tanto, «descubrir lo que se podía hacer mejor en esas condiciones y, si esto no era posible, pensar en formas de mejorar las propias condiciones» (27).

Lo que Freire y su equipo concluyeron fue que «los alumnos y los trabajadores estaban comprometidos en un esfuerzo preponderantemente creativo» (28) a pesar de los muchos desafíos y de los limitados recursos materiales. Al mismo tiempo, caracterizaron «los errores más evidentes» que observaron como el resultado de «la impaciencia de algunos de los trabajadores que los llevó a crear las palabras en lugar de desafiar a los educandos a hacerlo por sí mismos» (28).

Desde la fundación, Cabral desempeñó un papel central en la construcción, y a través de este proceso de evaluación, se mejoró lo que estaba bien en las escuelas y se corrigió lo que estaba equivocado. Como pedagogo de la revolución, Cabral «aprendió» con el pueblo y «le enseñó en la praxis revolucionaria» (33).

Conclusión

La obra y la práctica de Freire han inspirado lo que se ha convertido en un movimiento mundial de pedagogía crítica. Cabral es una influencia centralmente importante, aunque mayormente no reconocida, de este movimiento. La atención a la decolonialidad ocupa una de las aristas más apasionantes y relativamente recientes de la educación crítica, lo que exige un retorno más profundo a Cabral.

Reflexionando sobre las contribuciones de Cabral a la teoría y la práctica descoloniales una década después de su estancia en Guinea-Bissau, Freire (1985), al igual que Cabral antes de su muerte, siguió insistiendo en que «necesitamos descolonizar la mente porque, si no lo hacemos, nuestro pensamiento estará en conflicto con el nuevo contexto que evoluciona de la lucha por la libertad» (187).

En el último libro preparado antes de su muerte, subtitulado Cartas a los que se atreven a enseñar, la influencia de Cabral en Freire (1997) parece haber seguido siendo central, ya que insistió en que «es importante luchar contra las tradiciones coloniales que traemos» (64).

A medida que el movimiento socialista y antirracista en los EE.UU. sigue creciendo en tamaño y sofisticación política, las lecciones educativas de la era de las luchas socialistas anticoloniales también crecerán en relevancia.

Referencias

Cabral, A. (1965). No digas mentiras, no reclames victorias fáciles.

Cabral, A. (1966). El arma de la teoría.

Cabral, A. (1968a). El desarrollo de la lucha.

Cabral, A. (1968b). Problemas prácticos y tácticas.

Cabral, A. (1968c). Sobre la liberación de los soldados portugueses.

Cabral, A. (1979). Unidad y lucha: Discursos y escritos de Amílcar Cabral. New York Monthly Review.

Davidson, B. Introducción. En Amílcar Cabral (Au). Unidad y lucha: Speeches and writings of Amílcar Cabral, pp. ix-xvii. Nueva York: Monthly Review.

Freire, P. (1978). Pedagogía en proceso: Las cartas a Guinea-Bissau. Nueva York: Continuum.

Freire, P. (1985). La política de la educación: Cultura, poder y liberación. Londres: Bergin & Garvey.

Freire, P. (1997). Los profesores como trabajadores de la cultura: Cartas a los que se atreven a enseñar. Boulder, CO: Westview.

Freire, P. (2020). El luchador por la libertad sudafricano Amílcar Cabral: Pedagogo de la revolución. En Sheila Macrine (Ed.), Critical Pedagogy in Uncertain Times: Hope and Possibility, pp. 159-181. Nueva York: Palgrave.

Rodney, W. (1972/2018). How Europe Underdeveloped Africa. New York: Verso.

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