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Via New Politics

El descrédito alcanzado por los partidos dominantes, por la legislatura, por los «políticos» e incluso por la propia «política», definida de forma inexacta, pero visceralmente despreciada por mucha gente, recuerda el concepto de «crisis orgánica» avanzado por el marxista italiano Antonio Gramsci. Autores como Stathis Kouvelakis lo han utilizado para analizar el movimiento de los chalecos amarillos en Francia. Una crisis orgánica implica una ruptura de la capacidad de la clase dominante para «mantener su papel dirigente». Uno de sus «síntomas más visibles» es el «colapso del apoyo a los partidos tradicionales».

Esta crisis se distingue de una situación de cambio radical por la ausencia de una fuerza social capaz de sustituir el orden en crisis. Es una situación inestable y precaria, llena de oportunidades y peligros. La clase dominante intenta recuperar su capacidad de liderazgo. Para ello, a pesar del descrédito, cuenta con grandes reservas. Así, la crisis orgánica «desencadena una recomposición del personal político», incluyendo la lucha entre líderes y partidos y la aparición de otros nuevos, reformas constitucionales, etc.

Desde la dimisión de Rosselló (gobernador de Puerto Rico hasta el 2 de agosto de 2019) la consigna es volver a la «normalidad». Pero eso no se consigue por decreto, como demuestra el episodio de Pierluisi y la lucha interna del PNP en torno a la gobernación [1]. La clase dirigente quiere estabilidad pero no se pone de acuerdo en cómo conseguirla. Todos, desde Rivera Schatz hasta el periódico Nuevo Día, desde la cúpula del PPD hasta los locutores de radio, desde la Cámara de Comercio hasta las patronales, tienen ideas diferentes sobre cómo lograrla. Cada uno intenta arrimar el ascua a su sardina.

Ante este proceso conviene repasar algunas ideas. Puerto Rico no vive bajo una «partidocracia», como a veces se dice. No está dominado por los partidos. Está dominado por quienes dominan a través de los partidos. Para decirlo claramente: está dominado por la plutocracia. Los dueños del dinero, la riqueza y el capital. La clase patronal. Los ricos. Póngale el nombre que quiera.

Pero esta clase dominante no es homogénea, ni actúa como una unidad. No se reúne en algún lugar y decide cuál será su política. Depende de estructuras que le permiten elaborar posiciones: su prensa, sus analistas, sus think tanks, sus organizaciones (Asociación Industrial, Cámara de Comercio, etc.) y sus partidos (el PPD y el PNP).

La relación entre esta clase y sus partidos no es sencilla. En un gobierno elegido están sometidos a diferentes presiones. Los funcionarios elegidos deben servir a la clase dirigente, por un lado, y ganar y mantener el apoyo de los electores, por otro. De no ser así, serían de poca utilidad para la clase dirigente. Pero ese apoyo electoral no se consigue sólo con bonitas sonrisas y frases. A menudo requiere hacer concesiones reales a la gente o no ceder a las exigencias patronales más voraces.

Este fue el caso de la Ley 80, que la clase patronal quería eliminar, algo que algunos de sus políticos consideraron que tendría un efecto electoral inaceptable. [2] La clase patronal siempre ha tenido este problema con sus representantes elegidos: estos últimos están más sujetos a la presión electoral y, por tanto, no aplican toda la agenda antiobrera de los primeros. De ahí también la simpatía de la clase patronal por la Junta: al no ser elegida, ni tener que preocuparse por la reelección, la Junta se atrevería a actuar sin miedo allí donde los «políticos» flaquean (la Ley 80 es también un ejemplo de ello). A la clase patronal, por supuesto, también le encanta criticar a los «políticos», presentándose como parte del pueblo, indignados por la corrupción y demás, aunque esa es la otra cara de la corrupción: un «político» sólo puede venderse si hay alguien que lo compre.

Así tenemos una doble hipocresía inherente a nuestra democracia patronal: los políticos patronales desprecian al pueblo, pero tienen que presentarse como amigos y servidores del pueblo (lo que a veces implica conflictos reales con los empresarios a los que representan) y los empresarios a veces se distancian de los políticos corruptos que quedan a su servicio. La publicación del «chat» alteró el funcionamiento de esta máquina. Puso en evidencia la primera hipocresía: el desprecio de los políticos por el pueblo quedó al descubierto. [3]

Pero el «chat» fue el detonante, no la causa del verano de 2019. Una «crisis orgánica» no se fragua en tres días: se preparó durante algo más de una década. Desde 2006 nuestra economía se ha ido hundiendo en una crisis cada vez más grave. Se han perdido 250.000 empleos. Cientos de miles han tenido que emigrar. Los jóvenes no encuentran futuro en su país. Ante esta depresión, el gobierno primero se endeudó, imponiendo nuevos sacrificios (el Impuesto sobre Ventas y Usos en 2006). Cuando la deuda se convirtió en parte de la crisis, impuso medidas de austeridad para tratar de pagarla: ley 7, ley 66, recortes presupuestarios, ataques a las pensiones, cierre de escuelas, aumento del Sales and Use Tax. Mientras tanto, continuaba la corrupción, destapada por algunos escándalos, como el de Anaudi Hernández. [4]

El descrédito de los partidos tradicionales se reflejó ya en 2016 con la victoria de Rosselló con el 42% de los votos. Entonces la Junta llegó a imponer medidas de austeridad cada vez más severas. A esta realidad se sumó el golpe del huracán María: más de 4.000 muertos, 90.000 millones de dólares en pérdidas. La respuesta de los gobiernos coloniales e imperiales fue inepta y corrupta (recuerden a Trump tirando toallas de papel y el contrato de Whitefish). [5] La frustración por todo esto estalló en julio de 2019.

La crisis será larga precisamente porque nuestra clase dirigente no tiene proyecto. Les encanta culpar al gobierno, pero no han articulado un plan coherente para sacarnos de la depresión. Como candidato a la gobernación, propuse a sus organizaciones recuperar los beneficios que ahora se fugan para reinvertirlos aquí: fueron los primeros en rechazar estas medidas, que les beneficiarían. Prefieren ser perjudicados antes que tocar los privilegios del capital externo. Son una burguesía dependiente, sin visión de país ni de futuro.

Pero seguirán gobernando hasta que construyamos nuestra alternativa. Su objetivo ahora es la normalización. Se utilizarán varias estrategias: se atribuirá la crisis a los excesos de Rosselló. Una vez resuelta, las cosas deben volver a la normalidad. Pensaron que Pierluisi era el hombre para lograrlo. Durante dos días GFR Media lo vendió como el hombre de la estabilidad. Pero la crisis era demasiado grave. Al ser repudiada la maniobra por el Tribunal Supremo, se desvincularon de Pierluisi y atribuyeron todo a sus errores.

Ahora vendrá una maniobra más insidiosa: nos preguntarán, ¿de qué sirvió la lucha, la movilización, la protesta si, después de todo, todo sigue igual? Es decir, tratarán de convertir los límites de la victoria en un argumento contra la lucha. No podemos permitirlo. Mientras los de arriba intentan reconstruir su dominio, nosotros tenemos que construir nuestra alternativa. La perspectiva no puede ser hacer una nueva constitución para el régimen colonial, sino desencadenar la descolonización acompañada de la lucha contra la Junta y el bipartidismo. Eso significa seguir en la calle y también prepararse para las urnas: derribamos a Rosselló en 2019, terminemos de limpiar la casa en 2020.

[1] Pedro Pierluisi juró como sucesor de Rosselló, pero el Senado y el Tribunal Supremo de Puerto Rico lo rechazaron por ilegítimo y se vio obligado a dimitir.

[2] https://www.natlawreview.com/article/puerto-rico-heading-towards-will-employment.

[3] El gobernador Rosselló se vio obligado a dimitir tras la filtración de cientos de mensajes de chat privados burlones y ofensivos entre él y miembros de su círculo más cercano.

[4] https://nacla.org/article/puerto-rico-crisis-government-workers-battle-neoliberal-reformhttps://harvardlawreview.org/2015/02/puerto-rico-public-corporation-debt-enforcement-and-recovery-act/https://www.telemundopr.com/noticias/destacados/Anaudi-Hernandez-detalla-esquema-de-corrupcion-391649911.html.

[5] https://www.vox.com/policy-and-politics/2017/11/15/16648924/puerto-rico-whitefish-contract-congress-investigation.

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