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El 3 de julio marca otro día de luchas contra Bolsonaro, en Brasil y en todo el mundo. La polémica de la última semana hizo aún más urgente la ocupación de las calles contra su política genocida. La acusación de sobrefacturación en la compra de las vacunas Covaxin demuestra que el proyecto negacionista del gobierno era un teatro, mientras que entre bastidores se lucraba con la muerte de más de medio millón de brasileños.

Es necesario actuar. El PSOL formó parte del súper pedido de impeachment, presentado el pasado miércoles (30), que fue agitado por amplios sectores, como parlamentares de izquierda, centro-izquierda y derecha, movimientos sociales y varios partidos políticos. La extensa lista de delitos enumerados en la petición incluye delitos contra la existencia de la Unión, delitos contra la seguridad interior, delitos contra el cumplimiento de decisiones judiciales, delitos contra la guarda y el empleo legal de dinero público, y muchos otros.

La solidaridad internacional es indispensable en este proceso. Las políticas de Bolsonaro no sólo afectan a Brasil, sino al mundo entero, con su destrucción de la fauna y flora brasileña, poniendo en peligro la existencia de la Amazonía; sus acuerdos bilaterales con algunos países de la Unión Europea, proporcionando materias primas de origen no regulado, entre otros.

Y una vez más, cientos de miles de personas salieron a las calles y exigieron la destitución urgente de Bolsonaro. Mientras sigue sin responder a las acusaciones sobre la sobrefacturación en la compra de Covaxin, la movilización para su salida no hace más que aumentar.

Esta mañana, Brasil ya se ha despertado con imágenes de apoyo procedentes de todo el mundo. Con pancartas contra la política genocida de Bolsonaro, los actos en Estados Unidos y Canadá continuarán durante el resto del día, con actos ya programados en varias ciudades.

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